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AVIER ZUBIRI publicó el año 1962 su libro Sobre la esencia
que algunos críticos consideraron excesivamente «estático»

t Para disipar esa duda, y sobre todo para completar la exposi ción de su propio pensamiento, el año 1968 dictó un ciclo dc
onjerencias titulado Estructura dinámica de la realidad. El texto de esas
o; 'rencias es el que ahora, en forma de libro, ve la luz. En él analiza e.
iomento dinámico de la realidad, lo que denomina su ((dar de sí». Si en

la esencia la realidad era definida como «de suyo», ahora SE
omDletaba esa definición afirmando que es, además, un «dar de sí». DE
u, la realidad da de sí. Tal podría ser el resumen más apretado de esta
br que añade precisiones muy importantes a los libros ya publicados en
Sta misma colección, Inteligencia y realidad (3•a ed., 1984), Inteligencia s
) (1982), Inteligencia y razón (1983), Sobre la esencia (S.a ed., 1985).
obre el hombre ( 1986), El hombre y Dios (4.' ed., 1988), Naturaleza
fi tia, Dios (9 1 ed., 1987).

Es probable que el lector descubra en este libro un nuevo Zubiri,
laLL'amente nuevo, claro. Si en Sobre la esencia parecía tener por
rtç'Dcutores principales a Aristóteles y a la Escolástica, en Inteligencic
3ntiente a Kant, Husserl y la Fenomenología, y en El hombre y Dios a
ar \gustín y la Teología, en Estructura dinámica de la realidad el lector
escubrirá un Zubiri inédito, que con un rigor intelectual enorme y no
ie .r vigor, rehace el camino de un Hegel, y propone una alternativa en
4Yorno convincente, tanto a la Fenomenología del espíritu de éste como
la Dialéctica de la naturaleza de Engels. La diferencia está en que aquí

D trata de «naturaleza» ni de <'espíritu», sino de «realidad», y tampoco
s «fenomenología» o de «dialéctica», sino de «estructura dinámica)). Pocas
c un filósofo se ha propuesto tanto, y pocas también lo ha resuelto de

iodo más riguroso y original.

ISBN 84-206-9045-7

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9 788420 690452

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Biblioteca L (Ej.1) a Editorial

, Fundación Xavier Zubiri

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Pensemos que la vida no consiste únicamente en restau-
rar el equilibrio. Efectivamente. La vida tiene un factor de
creación absolutamente innegable, pero si no fuera porque es
capaz de mantener y restaurar su equilibrio, no habría crea-
ción posible en el Planeta; lo demás es un romanticismo
desde la nada.

He ahí la primera descripción de la actividad de un ser
viviente: Es independiente del medio y con control específico
sobre él, para organizar unas respuestas adecuadas en orden
a la persistencia de su sustantividad, en virtud de una
situación que ha interrumpido aquel equilibrio en que se
encontraba. Que no es ningún equilibrio deseable, porque si
no tuviera suscitación ninguna se moriría el viviente. De modo
que el ser suscitado pertenece a la estructura esencial de un
ser viviente. ¿Qué sería de un ser viviente, cuya perfección de
vida consistiera en ser inaccesible a toda suscitación? Esto
sería monstruoso. Este ser viviente habría muerto. Esta consi-
deración conviene no olvidarla incluso cuando se trata de
problemas muy trascendentes.

Esta es la primera descripción de la actividad de un ser
vivo: la estructura suscitación-respuesta.

Pero no todos los seres vivos son susceptibles al mismo
tipo de suscitadores. Sería completamente imposible, por
ejemplo, a un topo hacerle responder a suscitaciones que en
otro ser viviente pudieran constituir sensaciones ópticas o
sensaciones visuales. El topo no tiene el sentido de la vista.
Tiene otro tipo de reacciones a la luz —eso es distinto— pero
no visuales. Esto quiere decir que, por bajo del sistema de
suscitaciones y respuestas, y como presupuesto primario para
que estas acciones en suscitación y respuesta puedan desen-
cadenarse, hay algo más radical que es la manera de habérse-
las con ellas, la manera que tiene primariamente un viviente
de cómo enfrentarse con su medio. Si quisiéramos describir
en sistema de suscitaciones y de respuestas la vida de un topo
y la vida de un perro ciego, por lo que afecta al sentido de la

vista no encontraríamos diferencia ninguna. Efectivamente, el
topo no tiene vista y el perro ciego tampoco la tiene. Sí, pero
la diferencia entre ambos es profunda: el perro ciego no tiene
respuesta, pero tenía que haberla tenido. Y el topo no. Es
decir, hay un modo primario de enfrentarse con las cosas que
es justamente una habitud. La habitud —esta voz es un
latinismo—, en griego se dice gç. Hay una habitud. Habitud
no es costumbre o hábito. Una habitud es un modo de habér-
selas con las cosas. Un modo primario de habérselas con
ellas, &tw; g781, diría un griego. Y este modo de habérselas
con ellas es aquello dentro de lo cual se inscriben todos los
mecanismos de suscitaciones y de respuestas de un ser vivo.

En el nivel en que nos encontramos, estas habitudes son
dos: la habitud de enfrentarse a las cosas de su medio para
nutrirse, y la habitud de enfrentarse con ellas justamente para
sentirlas. Sentir es justamente sentir un estímulo: la liberación
biológica del estímulo —volveré sobre ello—; pero el nutrir es
una cosa distinta. Todo ser viviente por lo menos tiene que
enfrentarse con las cosas que le rodean, en todo o en parte,
para nutrirse, y además en unos casos determinados para
sentirlas. Justamente el sentir y el nutrirse son las dos
habitudes, las dos maneras de enfrentarse radicalmente con
las cosas, que no son incompatibles, pero son distintas. El
vegetal no tiene la función de sentir en la forma que la tiene
un animal; pero el animal tiene naturalmente la función de
nutrirse como la tiene un vegetal.

Ahora bien, a este modo de habérselas con las cosas
corresponde por parte de las cosas mismas un modo de
presentarse ellas al viviente. Y efectivamente, en la medida en
que las cosas se presentan como término de una habitud de
nutrición, las cosas son alimento. En la medida en que se
presentan las cosas como término de sentirlas, tienen una
formalidad que llamo la estiraulidad. Todo el sistema de
cosas que le rodean, en todo o en parte, tiene un carácter de
estímulo para un animal.

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El sentir, repito una vez más, y aún volveré sobre esta
idea, es la liberación biológica del estímulo, cosa que no llene
evidentemente el vegetal, lo cual no quiere decir que esté
completamente ajeno a las vicisitudes de la sensibilidad.
También diré de esto páginas adelante; por ahora dejo la
cuestión de lado.

Comoquiera que sea, en su forma más drástica y más
polarmente opuesta, tenemos estas dos maneras o habitudes
de enfrentarse con las cosas: para nutrirse y para sentirlas, a
que responden dos respectos de las cosas, desde el punto de
vista de las cosas, que son «alimento» y «estimulación».

La estructura habitud-respecto subyace a todo el sistema
de suscitaciones y de respuestas, y es un estrato mucho más
hondo de la actividad biológica del ser vivo. Pero no es la
última. Porque es evidente que ésta es una descripción en
términos de acción. Ahora, si las cosas actúan como actúan,
es porque son como son. Y, por consiguiente, por bajo de
este modo de enfrentarse del viviente con las cosas, y
precisamente para hacerlo posible, para determinarlo, el ser
viviente tiene él sus propias estructuras. Y estas estructuras
son las que determinan la habitud dentro de la cual se
inscriben las suscitaciones y las respuestas. Y por eso, estas
estructuras, digo, envuelven el paso de lo que llamaríamos las
sustancias que la componen, a la estructura en que formal-
mente consiste un ser viviente. En el orden operativo no es
difícil constatar —por lo menos no me resulta a mí difícil
constatar— que la actividad de un ser viviente, en el orden de
la actividad, no puede repartirse de una manera aditiva entre
los elementos que componen un ser viviente. Ya las realida-
des físicas tienen propiedades sistemáticas que no se reducen
a la adición, que no son propiedades aditivas, por ejemplo la
energía potencial. La energía cinética se puede determinar
como suma de un sistema, como suma de las energías
cinéticas de cada uno de los puntos del sistema; en la energía
potencial no se puede hacer eso: pertenece al sistema por

entero. Pues bien, en un ser viviente, si no tuviese las
moléculas dotadas de una actividad propia, no habría activi-
dad biológica. Lo cual no quiere decir, sin embargo, que la
actividad de un ser vivo sea el mosaico aditivo de las
actividades moleculares que lo, componen. Sino que pode-
mos calificar el orden de las funciones activas un poco como
se calificaba en la Química la diferencia entre combinación y
mezcla. La mezcla es un término, un resultado aditivo de unas
sustancias. En cambio, la combinación es la producción de un
sistema nuevo. Pues aquí diríamos, análogamente, que el
acoplamiento de las moléculas da lugar a un entero funciona-
miento del sistema, que no puede reducirse a una combina-
ción ni aditiva ni multiplicativa de las actividades de las
moléculas que lo constituyen, sino que constituye un sistema
funcional sistemáticamente nuevo.

Pues bien, si trasladamos esto al orden constitutivo,
entonces nos encontramos precisamente con que las estruc-
turas compuestas de moléculas, cuantas más moléculas tie-
nen (y mayores son las moléculas), envuelven una cierta
estructuración tal, que no pueden dejar de tener una activi-
dad que consista en combinación funcional, si ha de persistir
su estructura. Y esta estructura, radical y fundamental, es la
que constituye la estructura sustantiva de un ser vivo.

Y, naturalmente, de esto no hace excepción ningún ser
vivo. Aquí puede preguntarse cómo se va a pretender que el
reconocimiento que un perro tiene respecto de su dueño, o el
dolor que siente tras un pisotón, o si le atropella un coche, se
puede reducir a un sistema de actividades moleculares. ¿Es
que la materia siente? No cabe duda de que la materia siente.
Naturalmente. Estamos habituados a un concepto puramente
geométrico de la materia, que deriva de Descartes, y a lo
sumo a un concepto mecánico de la materia, que predominó
hasta los últimos años del siglo XX Pero ¿dónde está dicho
que la materia no tenga más que propiedades mecánicas y ni
tan siquiera electromagnéticas? Que la materia de un perro

4-

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El sistema básico y constitutivo: la esencia ......35 Segundo tipo: La repetición ..............140
La realidad como estructura ..............36 j Tercer tipo: 1_a génesis .................142 La realidad como constitución ........... 38
Capítulo IV. Dinamismo y Cambio ......... 41
Introducción ....................... 41
Aristóteles o la visión sustancial del Universo . . . 42
El siglo xix y la visión sistemática del Universo . . 51
El dinamismo estructural de la realidad ....... 56
Primer paso ....................... 56
Segundo paso ...................... 58
Tercer paso ....................... 60
Cuarto paso ....................... 62
Quinto paso ....................... 63

Segunda parte

LAS ESTRUCTURAS DINAMICAS DE LA REALIDAD
It

Capítulo V. El dinamismo causal ..........
Introducción .......................
La funcionalidad de lo real ...............
Dinamismo y causalidad ................
Causalidad y causa ...................
Causalidad y efecto ...................
Capítulo VI. El dinamismo de la variación .....
Introducción .......................
Primer punto: La respectividad básica ........

1. La estructura misma del espacio .......
II. La estructura del espacio como respectMdad.

III. El dinamismo local como respectividad básica
de toda variación ................

Segundo punto: Carácter básico de esta respectividad.

Capítulo W. El dinamismo de la alteración . . 129
Introducción .......................129
Primer tipo: La transformación ............133

Capítulo VIII. El dinamismo de la mismidad
Introducción .......................
Primer tipo: La sustantividad molecular .......
Segundo tipo: La sustantividad transmolecular

1. La colocación del ser viviente entre las demás
realidades ....................

II. La índole de la actividad dinámica del viviente.
III. La vida como modo de realidad .......

Capítulo IX. El dinamismo de la suidad ......
Introducción .......................
Primera cuestión: El origen evolutivo de la esencia

abierta........................
Segunda cuestión: Estructura del dinamismo de la

suidad ........................
Primer paso: La esencia abierta es de tipo nuevo
Segundo paso: El dinamismo es posibilitación
Tercer paso: Apertura causal a la propia personalidad.
Cuarto paso: El apoderamiento de posibilidades

Capítulo X. El dinamismo de la convivencia
Introducción .......................
Primer aspecto: La sociedad .............
Segundo aspecto: La historia .............

1. En qué consiste la realidad del cuerpo social
en tanto que cuerpo ..............

II. Cuál es y cómo es el dinamismo de este
cuerpo .......................

III. Cuál es el carácter formal de este dinamismo.
IV. Cuál es la índole metafísica de este dinamismo.

Capítulo XI. El dinamismo como modo de estar en
el mundo ...................... 279

Introducción .......................279
Primer punto: Acerca del problema de la forma

e

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158
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164

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general del dinamismo como forma de estar en el
mundo ........................ 280

Segundo punto: Descripción del tiempo ....... 282
Tercer punto: La esencia del tiempo ......... 290
Cuarto punto: Los modos del tiempo ........ 299
Quinto punto: La unidad del tiempo ......... 301
Sexto punto: Cómo se está en el tiempo ...... 304

Capítulo XII. La realidad en su dinamismo. 311
Introducción .................... 311
I. Quién es dinámico .............. 313
II. Qué es dinamismo ............. 315
III.Cuál es el carácter de este dinamismo . 317
IV.Cuál es la estructura dinámica de la realidad


321

Conclusión ....................... 327

1.

356

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