Download RIVERA CUSICANQUI Silvia - Mito y Desarrollo en Bolivia. El Giro Colonial Del Gobierno Del MAS (2014) PDF

TitleRIVERA CUSICANQUI Silvia - Mito y Desarrollo en Bolivia. El Giro Colonial Del Gobierno Del MAS (2014)
TagsBolivia Indigenous Peoples Nation State (Polity) Venezuela
File Size3.7 MB
Total Pages38
Document Text Contents
Page 1

Silvia Rivera Cusicanqui

Mito y desarrollo
en Bolivia

El giro colonial
del gobierno del MAS

Page 2

© Silvia Rivera Cusicanqui, 2014
© Piedra Rota / Plural editores, 2014

Primera edición: noviembre de 2014

DL: 4-1-2699-14
ISBN: 978-99954-1-627-0

Producción:
Plural editores
Av. Ecuador 2337 esq. c. Rosendo Gutiérrez
Teléfono: 2411018 / Casilla 5097 / La Paz, Bolivia
e-mail: [email protected] / www.plural.bo

Impreso en Bolivia

Indice

Prólogo 7

Del MNR a Evo Morales:

Disyunciones del estado colonial 13

Indianizar el mestizaje

y descolonizar el gobierno 23

Etnicidad estratégica, nación
y (neo)colonialismo en América Latina 31
Mito, olvido y trauma colonial:
Formas elementales de la resistencia
cultural en la región andina de Bolivia 61

Page 19

38 MITO Y DESARROLLO E N BOLIVIA

sindicatos fabriles, juntas vecinales, comités de regantes peri-
urbanos, jóvenes desocupados y sindicatos cocaleros, movilizados
entre febrero y abril. En el Altiplano, a convocatoria de la C S U T C B ,
bajo el liderazgo de Felipe Quispe, el "Mallku", las comunidades
organizan bloqueos masivos en torno a La Pazy Oruro, que llegan
a su climax en abril, con la confrontación entre el ejército y los
bloqueadores y la muerte de varias personas. En el transcurso de
esas semanas, la ciudad de La Paz había quedado completamente
desabastecida, y la paranoia del cerco indígena volvía a turbar el
sueño de las clases dominantes.

Debe tenerse en cuenta la configuración social de estas movi-
lizaciones. A lo largo de todo su proceso de insurgencia, la noción
de "indígena" se fue reformulando y ensanchando, a partir de
ideas como "soberanía" y "dignidad". Así El Alto, que expresaba
el deseo de modernidad y de aculturación de los migrantes hasta
los años 1980, pasa a ser una "ciudad aymara" en los años 2000.
En la propia La Paz, un porcentaje significativo de la población
se identificó como "indígena" en el censo del 2001, al igual que
en Cochabamba, Oruro, Potosí y hasta Sucre. De algún modo, la
noción de indígena se amplió, para incluir una gama abigarrada
de identidades y de redes colectivas, tanto urbanas como rurales.
La autoidentíficación con algún "pueblo indígena" en el conjunto
del país, llegó al 62% de la población en el censo del 2001, a pesar
de que sólo el 49% de la población declaró hablar algún idioma
indígena. Esto revela que amplios estratos cholos y mestizos de las
ciudades, aún si no hablaban ningún idioma nativo, se consideraban
a sí mismos como indias/os.'

3 No he tomado en cuenta los resultados del último censo, que muestran un
radical descenso de la autoidentificación indígena, del 62% al 40 y pico,
lo que podría interpretarse como resultado del éxito de la política de Evo
Morales de convertir a la mayoría indígena en minoría, y de restarle los
efectivos urbanos, ch'ixis y mestizos que en el 2001 habían comenzado a
ser seducidos por la reserva de dignidad y autonomía que ofrecía el mundo
comunitario de las diversas regiones. E l giro colonial del proceso de cambio
ha conducido a que ninguna de las demandas sustantivas, del katarismo en
adelante, de la mayoría de estas comunidades y pueblos indígenas fuese
tomada en cuenta seriamente.

ETNICIDAD ESTRALÉGICA, NACIÓN Y ( N E 0 ) C 0 L 0 N L U . I S M 0 E N AMÉRICA LATINA 39

Pero aunque no se asumieran siempre en forma explícita como
"indígenas", las comunidades movilizadas durante la Guerra del
Agua y la Guerra del Gas, adoptaron muchas formas aymarás o
qhichwas de organización y de acción. Así, el levantamiento de
El Alto en septiembre-octubre del 2003, convocó a comunidades
informales, redes semi autónomas, descentralizadas, "micro-
gobiernos barriales" (como los llamó Pablo Mamani), ancladas en
territorios adyacentes y densamente interconectados. Estas comu-
nidades funcionaban bajo el sistema de turnos, que se apHcaba a
todas las actividades: desde el bloqueo hasta el aprovisionamiento,
la logística y la comuiúcación. De carácter espontáneo, se apoyaban
sin embargo en el liderazgo de la gente con mayor "experiencia"
o conocimiento del terreno o, a medida que la represión se hacía
más violenta, en la gente más dinámica y valiente (jóvenes y mu-
jeres). Finalmente, otro rasgo indígena de las movihzaciones fue
el uso de la lengua, tanto en la comunicación cara a cara como en
la comunicación radial. En efecto, durante esos días épicos, las
emisoras aymarás eran las que ofrecían una cobertura más al día
y más cercana a los hechos (gracias a sus redes de reporteros/as en
bicicleta) e informaban al minuto sobre lo que iba sucediendo al
crecer la represión estatal y elevarse el número de víctimas (que
finalmente llegó a 67 muertos y más de 400 heridos)

Identidades y luchas indígenas
en el "proceso de cambio"

La capitalización política de todo este proceso de acumulación
centrado en la noción de lo "indígena" fue sin duda una estrategia
bien pensada por el emergente movimiento cocalero y su indis-
cutido líder. Evo Morales. Este se catapultó a la arena política
después de un meteórico ascenso en el sindicafismo cocalero,
llegando al parlamento en 1997, y a la Presidencia de la Repú-
blica el año 2005. La base de su discurso político se sustentaba
en las ideas de soberanía y dignidad, que de algún modo fueron
plasmadas por el pueblo moviHzado, más como una semiopraxis

Page 20

40
MITO Y DESARROLLO E N BOLIVL\

que como un discurso explícito. El acierto de Morales fue haber
identificado en esas dos consignas: Soberanía y Dignidad, el ethos
a la vez indio y nacional de su proyecto político. El instrumento
político se fundó en 1994 como IPSP (Instrumento Político por
la Soberanía de los Pueblos), y el tema de la dignidad fue sin
duda una reapropiación de las consignas de la marcha indígena
de 1990. Pero el proyecto cocalero no incluiría nada sustantivo
de las demandas de esa marcha.

La paradoja es que Evo Morales fiie, él mismo, un resultado de
esa "mayoría indígena" que se configura primero en la reorganiza-
ción sindical de los años 1970-1980, luego en la lucha insurgente
y finalmente en la arena electoral. Sin embargo, las "políticas in-
dígenas" de su gobierno reeditan las reformas neoliberales de los
años 1990, e incluso las profundizan. En primer lugar, reconvierten
a las mayorías indígenas en minorías empequeñecidas, recluidas
en territorios delimitados (las T C O s ) y localizadas sólo en el área
rural. Al rebautizar las T C O como T I O C (Territorios Indígena-
Originario-Campesinos), se autoriza otras formas de tenencia de
la tierra, otra relación con el mercado, y finalmente se legalizaba
la invasión paulatina del T I P N I S (por ejemplo) por la colonización
campesino-mercantil. Al reconocer a "36 naciones indígenas", se
fragmenta el frente indígena y se lo recluye en definiciones esen-
cialistas, que restan de sus efectivos a aquella población urbana,
c^'m y moderna que se había identificado con ellas en el censo del
2001. Lejos de interpretar el predominio (muchas veces elegido)
de lo indígena en la identidad de la población, como un potencial
de cambio radical de paradigma, por ejemplo, con respecto a la
relación de la sociedad humana con la naturaleza, el gobierno re-
convirtió a los indios en ornamentos empequeñecidos, reduciendo
la noción de "descolonización" a un apéndice burocrático de tinte
culturalista, carente de toda significación política.

De esta manera llegaron a revertirse incluso los avances que
habían logrado los pueblos indígenas de tierras bajas durante los
gobiernos neoliberales (como el reconocimiento de T C O s en el
Parque Isiboro-Sécure, el Madidi y otros), dentro del modelo
multiculturalista del "indio permitido". Es el caso, al que ya

ETNICIDAD ESTRATÉGICA, NACIÓN Y (NEO)COLONLU.ISMO E N AMÉRICA LATINA 41

aludimos de la redefinición de las T C O s como Territorios Indíge-
nas, Originarios y Campesinos ( T I O C ) en la Ley de Reconducción
Comunitaria de la Reforma Agraria (2010), que permite reconocer
como miembros de la T C O a los "invasores" campesinos sobre
tierras indígenas, lo que sucede con los cocaleros del polígono 7
del T I P N I S .

Los pueblos indígenas de tierras bajas
marchan a la capital (1990-2010)

Desde fines de los años 1980, los pueblos indígenas de tierras bajas
habían irrumpido en el espacio público a través de movilizaciones
de "nuevo tipo", que recuperaban modahdades tradicionales de
resistencia, primero a escala local y luego como interpelación al
estado "plurinacional" desde su traspatio desarrollista y coloni-
zador. La primera Marcha por el Territorio y la Dignidad, entre
septiembre y octubre de 990, trajo a la sede del gobierno, después
de caminar más de 600 km a unos 700 indígenas de diversos pue-
blos de la Amazonia, el Oriente y el Chaco.

Territorio y Dignidad son dos palabras clave, que reactualizan
una indianidad a la vez ancestral y moderna. La primera, porque el
bosque, la "casa grande", es al mismo tiempo un espacio físico, una
trama de imaginarios y representaciones, y un tejido lingüístico y
semiológico que entreteje a una comunidad consigo misma y con
el cosmos, en un proceso de autopoyesis permanente. Pero a la
vez, esta lectura, o más bien semiopraxis del territorio, plantea im
modo político y económico completamente "otro", alterno y alter-
nativo al modo mercantil de la territorialización estatal. Territorio
impUca pues espacio productivo, comunidad, autogobierno, polis:
espacio en el que se reproduce la Vida, por vm acuerdo tácito entre
la humanidad y todos los seres animados e inanimados de cuyo
conjunto forma parte indisociable. Es una visión cosmocéntrica y
relacional del territorio, que se opone a la visión antropocéntrica,
racional e instrumental del espacio, en suma, a la visión colonial
y expohadora que el moderno estado-nación reactuaHza en forma

Page 37

74 MITO Y DES.\RROLLO E N BOLIVIA

"clase a medias" boliviana (Lechín 1993) es la interpretación más
retorcida el mito.

Contra esta figuración, las versiones anteriores leen al mito
como memoria encarnada, ritualizada y codificada, mediante la
cual se apela al pasado para resistir la opresión del presente y
devolver el imaginario colonial al opresor. No hay pues, un acto
de olvido o de amnesia como reacción ante el trauma sino una
codificación de la memoria y su supervivencia cotidiana como
mito o relato oral, que pasa de boca en boca entre generaciones.
El mito como código cultural permite reinterpretar la opresión y
la liberación; son movimientos pendulares en un tiempo histórico
en espiral. En un nuevo ciclo de insurgencia indígena y popular
urbana, el mito rearticula los sentidos de la memoria histórica
y los proyecta en acciones, materiales y simbólicas, contra los
opresores, nuevos o antiguos. En La Paz siempre se ha dicho que
hay serpientes en el campanario del templo de San Francisco: el
contenido subversivo del mito se reactiva con el rumor sobre el na-
cimientos de los hijos-serpiente en el hospital general, que anticipa
la masacre de Todos Santos y prepara las condiciones subjetivas
para su momento opuesto, el encantamiento de la ciudad opresora
como promesa de libertad. Así se dio la movilización masiva del
bloqueo de caminos y el cerco indio sobre La Paz (noviembre-
diciembre 1979).

La articulación entre mito e historia explica la rebeldía indíge-
na en lo que hoy es Bolivia. Este nexo, cuya larga historia comenzó
con el Takiy Unquy del siglo X V I , se reactualizó en la movilización
de Tupak Katari en 1781, en el movimiento de caciques-apodera-
dos de los años 1920-193 O y en la movilización katarista-indianista
de los años 1970-1980, en cuyo contexto se produce la masacre de
Todos Santos y la revitalización del mito de Chuqil Qamir Wirnita.
Se han explorado otras versiones del mito -la de Eucaliptus y la de
los yungas-, entre las que cabe resaltar la duración de la victoria
cocalera de 1980: hasta el 2001 los erradicadores de la coca no se
han atrevido a entrar en los Yungas, y cuando lo hicieron fiieron
derrotados y desalojados por una movilización masiva que evocó
explícitamente la memoria de la rebefión de 1980 (Rivera 2003).

MITO, OLVIDO Y TRAUMA COLONIAL 75

La reversión de esa victoria prolongada, en el nuevo contexto de
un gobierno indígena, tiene que ver con el otro signo del oro y
de la plata, que en el mito de Bernita pertenecía a lo sagrado, y
que hoy se ha desencantado en la acumulación febril de dinero y de
poder que vive el mundo cocalero en la Bolivia plurinacional del
capitalismo de estado. Pero eso es tema de otra historia.

Bibliografía

Albo, Xavier y Matías Preiswerk
1986 Los señores del Gran Poder. La Paz: Centro de Teo-

logía Popular-Taller de Observaciones Culturales.
Alvarado, Hugo y Orlando Huanca
1992 La Conquista. Obra de teatro.
Guha, Ranajit
1997 "La prosa de contrainsurgencia", en: Silvia Rivera

y Rossana Barragán. Debates postcoloniales. Una in-
troducción a los estudios de la subaltemidad. La Paz:
Historias-SEPHIS-Aruwiyiri.

Huanca, Orlando
s/f "¿Es posible un teatro andino?". Manuscrito.
Lechín, Juan Claudio
1993 El festejo del deseo. Cochabamba: Los Amigos del

Libro.
Lehm, Zulema y Silvia Rivera
1988 Los artesanos libertarios y la ética del trabajo. La Paz,

Taller de Historia Oral Andina.
Mamani Condori, Carlos
1991a Los aymarás frente a la historia. La Paz: Aruwiyiri.
1991b Taraqu 1866-1935. Masacre, guerra y "renovación"

en la biografía de Eduardo L . Nina Qhispi. La Paz:
Aruwiyiri.

Millones, Luis (comp.)
1990 El retomo de las huacas. Lima.

Page 38

76 MITO Y DESARROLLO E N BOLFITA

Poma de Ayala, Guamán (Waman Puma)
1980 [1613] El primer mieva coránica y buen gobierno. JLdición áe

J . V. Murra y R. Adorno. México: Siglo XXI.
Rivera Cusicanqui, Silvia
1984 "Oprimidospero no vencidos". Luchas del Campesinado

aymara y qhichwa, 1900-1980. La Paz: H I S B O L -
C S U T C B .

1993 "Pachakuti: Los horizontes históricos del colonia-
lismo interno", en: Rivera y Raúl Barrios. Violencias
encubiertas en Bolivia, vol. 1. Cultura y política. La
Paz: CIPCA-Aruwiyiri.

2003 Las fronteras de la coca. Epistemologías coloniales y circui-
tos alternativos de la hoja de coca. El caso de la frontera
boliviano-argentina. La Paz: IDIS-Aruwiyiri.

Spedding, Alison
1997 Manuel y Fortunato. Una picaresca andina. La Paz:

Aruwiyiri.
s/f "Chuqil Qamir Wirnita", manuscrito.
Spivak, Gayatri Chakravorty
1988 "Can the Subaltern Speak?", en: Cary Nelson y

Lawrence Frossberg (eds.). Marxism and the Inter-
pretation of Culture. Urbana: University of Illinois
Press. 271-313.

Taller de Historia Oral Andina ( T H O A )
1984 El indio Santos Marka Tula, Cacique principal de los

ayllus de Qallapay apoderado general de las comunida-
des originarias de la República. La Paz: T H O A - U M S A .

1986 Mujer y lucha comunaria. Historia y memoria. La
Paz: H I S B O L .

Thomson, Sinclair
2 002 "We Alone Will Rule ". Native Andean Politics in the

Age of Insurgency. Madison: The Universitiy of
Wisconsin Press.

2007 "Cuando solo reinasen los indios". Política aymara en
la era de la insurgencia. La Paz: Muela del Diablo-
Aruwiyiri.

I
1,

Similer Documents