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Mujeres
pariendo
historia.
Cómo se gestó el
Primer Encuentro
Nacional de Mujeres.

Reseña íntima y política
de las integrantes de la
Comisión promotora.

Diana Maffía, Luciana Peker, Aluminé Moreno y Laura Morroni (editoras)

Asistencia y corrección: Charo Márquez y Claudia Korol.

Entrevistas: María Elisa Ruibal, Luciana Peker,
Romina Ruffato y Cecilia Alemano.

Fotos: Salvador Batalla

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-¿Quiénes fueron a Nairobi?
-Las que estuvieron en Nairobi fueron Belkys Karlem, Ethel Díaz, Elena Tchalidy, María Dolores Robles, Marian Saettone,
Clara Fontana y yo. El núcleo original éramos seis o siete.

-¿Cómo fue la unión con las feministas en Argentina?
-El hecho de obtener una confianza en este momento de Magui Bellotti, de Marta Fontenla, de Marta Miguelez, de Electra Pérez
Roa que eran la cabeza del feminismo juvenil que avanzaba y era re-contra radicalizado fue una cosa muy chocante tanto en
los ámbitos de ellas como en los nuestros. A nosotras, las que éramos militantes políticas, nos costó sangre, sudor y lágrimas y
a ellas les costó con sus compañeras de lucha.

-¿Esa confluencia fue lo más difícil del Encuentro?
-No, acá lo que es impresionante y lo que todo el mundo omite, y que no está en ningún libro, es que el día que se hizo el
Encuentro hubo paro en el transporte y bloqueo de rutas, por eso, muchas mujeres vinieron a pie por la Panamericana pensando
que no llegaban porque estaba todo obstaculizado y venían de las provincias. Se bajaron de los micros y se vinieron a pie. Yo
tengo presente que estábamos en la esquina pensando que no iba a venir nadie, que las de Buenos Aires eran más rígidas y no
querían participar. Pero finalmente se hizo. Nosotras sólo decimos las que se anotaron el primer día, y en realidad, vinieron
muchas más.

-¿Hubo invitadas internacionales?
-El Encuentro fue Nacional de Mujeres, pero a raíz de las buenas relaciones que hicimos en Cuba y Nairobi vinieron brasileras,
cubanas y una chilena que era Mireya Baltra, Ministra de Trabajo y Bienestar Social de Salvador Allende (que había luchado
en el comando Pro Ley de Jardines Infantiles) y que vivía exiliada en Cuba. Ella fue como el Che para nosotros. Esa fue una
respuesta a la buena relación que tuvimos en ese encuentro en la Habana, que se repitió en Nairobi, porque ellas también fueron
allá. Lo bueno es que acá no fue un encuentro de tipo político y vinieron todas.
Éste fue el primer gran encuentro hecho a pulmón con una cosa que, creo, sólo se podría haber dado en esa época del retorno
a la democracia. En las reuniones tenías un 30 por ciento de charla sobre organización del Encuentro y un 70 por ciento de
discusión, pero era por la época que era un volver a vivir en realidad, todas esperábamos ansiosas el día de la reunión así que
nos matábamos gritando, discutiendo, etc. Pero teníamos claro que se iba a generar, a partir de ahí, un precedente.

-¿Concurrió a los siguientes Encuentros?
-Yo por razones físicas no pude seguir. El último al que concurrí fue el del Chaco, en 1998, pero Belkys va a todos y siempre
con la premisa que las mujeres que organizaron el primer encuentro, mientras estén vivas, deben ser reconocidas por las que
organizan los nuevos Encuentros para seguir con las pautas del multipartidismo y absoluta libertad de criterio que deben tener
los Encuentros, que no puede ser manipulado ni por un partido, ni por la Iglesia, ni por nadie por más que ya lo han intentado.
Bueno, ésta es una premisa que no está en los libros, pero que fue la base para poder hacer el Encuentro.
El mandamiento principal: acá nadie va a discutir más que los temas de las mujeres, no se lo puede convertir en algo partidario.
Eso se respetó por todas a rajatabla, y no se siguió respetando en los demás encuentros. Digamos, han pasado ya tantos años,
veinticinco, yo he participado de quince o dieciséis, más o menos, hemos tenido algunos Encuentros donde la lucha política fue
más fuerte, muy divertidas también, en Mendoza, en 1988, fue muy terrible… Terrible y divertidísimo.

- ¿Hay algún momento en el que te definís como feminista?
-Sí, yo siempre me definí como feminista, pero siempre le agregué política.

- ¿En el ’86 también?
-Sí.

- ¿Las que formaban el comité organizador también eran feministas?
-Sí, éramos todas feministas. El Encuentro en sí no tuvo un carácter feminista, fue un encuentro de mujeres. Por eso lo
extraordinario fue que sobrepasamos la frontera, la lucha entre nosotras y la lucha de no querer imponerle a nadie el criterio
de tener que ser feminista. Toda mujer podía participar, fuera feminista o no. Es más, hasta el V° Encuentro Feminista de
Latinoamérica y el Caribe en San Bernardo, en 1990, no hubo ningún encuentro feminista en Argentina. Pero en los Encuentros
de Mujeres jamás se le impuso el feminismo a nadie.

-¿Qué luchas se activaron a partir del Encuentro?
-La lucha por la aprobación de la patria potestad compartida, el divorcio. Nosotras, forzamos al Gobierno a que apoyaran en
el Congreso la ratificación de la Convención por la Eliminación de Toda Forma de Discriminación contra la Mujer (CEDAW)
porque no estaba aprobada en la Argentina, existía en el mundo, pero en muchísimos países no la habían ratificado.
Hoy en día es parte de la Constitución, a partir de la reforma constitucional de los ’90. Pero en el ’85 era un papelón ir a Nairobi
sin tener la ratificación: esto es lo que yo les planteaba a mis colegas masculinos.

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- ¿Dónde estabas trabajando en ese momento?
-En la Secretaría de la Mujer. Pero no era el único lugar de pelea. Las periodistas que estaban en Tiempo Argentino dieron un
apoyo extraordinario ya que publicaban todo lo que hacíamos. También muchas artistas. La actriz Marta Bianchi participó
siempre. No quiso estar en la convocatoria, pero siempre estuvo. También la guionista Graciela Maglie y muchas mujeres del
arte apoyaron las convocatorias que hacíamos en el Congreso para ir sacando otras leyes, para que cuando llegara el encuentro
tuviéramos aprobadas cosas básicas para la mujer.

-¿Cuáles eran los derechos de las mujeres antes de Nairobi?
-Cuando nosotras fuimos a Nairobi no estábamos en el tercer mundo, estábamos en la pre-historia. Igualmente el choque de
culturas con África no tiene que ver con nada, “te corta la cabeza”.

-¿Cuáles son las diferencias concretas con África?
-Por ejemplo, nosotras tuvimos que comer con la mano en todas las celebraciones oficiales de las Naciones Unidas porque
forma parte de su cultura. Tampoco podías salir a las cinco de la tarde porque te mataban. Es más, murió una periodista de
Estados Unidos. Fue aterrador. El Hilton tenía cinco o seis vidrios blindados y estábamos siempre custodiadas. Así se vivía.
Hoy es diferente Nairobi, pero, en ese momento, eran diez cuadras por diez cuadras y era el centro económico de África.
Las embajadas eran maravillosas, con residencias espectaculares, pero jamás se metían. Todo era con calles de tierra y debías
hacerlo a pie porque no había transporte. Hoy sigue ocurriendo: los periodistas contaban que en el mundial de Sudáfrica la
movilidad era muy complicada porque casi no había transportes.
Nosotras tuvimos que aprender el idioma aunque sea algunas palabras, las Naciones Unidas te obligaban para poder concurrir,
entonces para poder movernos nos subíamos a unas combis con nuestro idioma básico hablando algunas palabras y no sabías
si te bajabas viva o muerta de esa combi.
Nosotras tuvimos algunas experiencias que fueron fundamentales. Hubo una noche que las africanas invitaron a las demás
delegaciones a la única Iglesia Católica que tenía Nairobi. El catolicismo no existe en África, había -en ese momento- cincuenta
mil católicos en Kenia, así que en Nairobi podía haber trescientos como mucho. El resto pertenecían a otra religión, pero nos
invitaron y entonces otros nos dijeron “No concurran, porque es demasiado peligroso, está prohibido”, pero justo la Iglesia
estaba a dos cuadras de nuestro hotel. No fuimos muchas, sólo tres, no había luz. Cuando llegamos nos recibieron con comida
y una sola una luz, una lamparita colgada de un árbol y dentro de la capilla estaba una mujer que pesaba alrededor de 250
kilos. Ella era la presidenta de toda la delegación de Kenia: la mujer más respetada del país. Teníamos que hacer una cola y
nos empezaron a mirar porque éramos las únicas blancas y cuando ella vio que mi compañera (Dolores) llevaba bastón (y ella
también usaba bastón por su peso) no sólo nos hizo pasar, sino que la hizo sentar a su derecha. Y Dolores, si hay algo que tiene,
es un estómago espectacular así que se comió todo lo que ella le pasaba. Nosotras no queríamos comer mucho por las dudas y
lo único que queríamos era acceder a unas frutillas a las que nunca podíamos llegar, así que Dolo, que sí se dio todos los gustos,
la pasó genial.
Por otro lado, Dolores no hablaba inglés y para poder comunicarse me pidió que le tradujera y cuando voy para ayudarla le
cuento a esta mujer que yo era maestra, y ella quedó encantada. Así que la comunicación tiene mucho que ver en cómo desea
llegar: nosotras llegamos por la compasión y la empatía de una situación física y una vocación. Después la pasamos espectacular
porque bailamos hasta cualquier hora. Todos, en el hotel, estaban muy preocupados porque volvimos tarde, pensaban que
estábamos muertas, pero no nos podíamos ir.

-¿Qué descubrieron esa noche además de la comida y el baile?
-Allí descubrimos la lucha innecesaria de Occidente de querer imponerle a otra cultura determinadas creencias. Las francesas
fueron las que se llevaron su mayor decepción, porque ellas fueron las que más trabajaron para ir a Nairobi e hicieron “rancho
aparte”, se hicieron su propia carpa. Tenían un trabajo maravilloso que hicieron en toda África sobre las mujeres y la ablación
del clítoris. Ellas intentaban que las mujeres empezaran a cambiar su mente al respecto, y su conclusión fue que, en ese
momento, no era posible. Hoy en día es otra la situación.

-¿Cómo seguiste informada de la situación africana?
- Hace dos años se hizo la elección de la Federación Internacional de Mujeres de Carreras Jurídicas en España. Se volvió a
elegir a Ethel (Díaz) como vicepresidenta. Y a la presidenta de la Asociación de Mujeres de Carreras Jurídicas del Congo,
que era una muchacha de treinta y cinco años, que estaba ahí, la acaban de matar en un atentado. Me impresiona más que
nada porque yo les decía “el futuro de esta generación está en África” porque habían tenido como cincuenta mujeres en las
comisiones, tenían una fuerza: y entre la altura que tienen -que te llevan por delante- y que no las para nadie… Ella coordinaba
el lugar -la conducción de los códigos civiles de todos los países- donde yo estaba y me acuerdo de la fuerza que tenía. Era una
cosa impresionante. Igual que ella, ninguna pasaba los treinta o treinta y cinco años y ya eran todas juezas porque eran de una
élite. Después leí la noticia, chiquita, en Clarín, que decía que hubo un levantamiento en Congo, así que seguramente la deben
haber matado en ese momento.
Tuvimos otra experiencia con una jueza que era de Nigeria que después vino a la Argentina invitada por nosotras, un poco
después del primer encuentro, en una reunión que hicimos en el Bauen. Ella se perdió los primeros días porque, a pesar de ser
Jueza de la Corte Suprema y tener cincuenta años, no le daban el pasaporte sin el permiso del hermano (el padre estaba muerto
y el hermano no se lo quería dar).

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