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TitleLouis Pauwels - Gurdjieff, el hombre más extraño de este siglo
Tags Psychology & Cognitive Science Knowledge Philosophical Science Truth
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                            René Daumal
                        
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pasará como un sueño, lleno de confortaciones y de consolaciones ilusorias.
Nuestro zoológico se complementó con dos cabras, dos inseparables. Las cabras

son muy lindas cuando se recuestan sobre la paja o bailan una al encuentro de la
otra, con tanta gracia, golpeándose con suavidad. Cuando estuve allá, ayer, entró
Gurdjieff; Lola y Nina ordeñaban a las vacas; les ha enseñado a ordeñar a una
cabra. Se sentó sobre un banquito, agarró a la cabra, le hizo pasar las patas traseras
sobre sus rodillas. Así, la cabra se encontraba erguida sobre las patas delanteras,
impotente. Es así como hacen los árabes; realmente, parecía un árabe. Antes, yo
había conversado con un tipo apasionado por la astrología que acababa de pintar
los signos del Zodíaco sobre la puerta del establo. Después de esto, subimos a la
pequeña galería y bebimos kumis.

Hasta luego, mi querido. Siento que esta carta es opaca y melancólica. Perdónala.
Soy siempre tu amante,

Wig.

Domingo (31 de diciembre de 1922)
Mi querido Bogey:
He extraviado mi estilográfica, y como tengo prisa, te escribo con lápiz;

discúlpame.
¿Te agradaría venir aquí el 8 ó el 9 de enero y quedarte hasta el 14 ó 15?

Gurdjieff aprueba este proyecto y quiere que seas su huésped. Nuestro nuevo teatro
debe abrirse el 13. Será una experiencia extraordinaria. Pero no quiero decir
demasiado. Sólo, por si decides venir, voy a decirte qué ropa conviene traer.

Un traje de sport, calzado grueso, calcetines, impermeable. Un sombrero que no
tema nada. Un traje "limpio", cuello blando, o la clase de cuello que acostumbras
usar, una corbata (mira, eres mi marido y no puedo impedirme tener el deseo de
que tengas aire de..., ¿cómo decirlo?), zapatillas, etc. Eso es todo. Si tienes un
chaleco de punto, tráelo, naturalmente, lo mismo que un pantalón de franela para
poder cambiarte si se moja.

Escribo a Brett para que me compre un par de zapatos en la casa Lewis. ¿Quieres
traérmelos? También podría pedirle que me compre una chaqueta. Ella te confiará
el paquete. ¿Quieres telegrafiarme la respuesta; sólo sí o no, y si es sí, la fecha de
tu llegada?

Hay un tren que te deja en París a las cuatro y algo. Podrías llegar a
Fontainebleau la misma tarde. Si no, conviene más pasar la noche en París, porque
no hay taxímetros para el último tren.

Desciendes en Avón, y tomas un coche que te costará ocho francos, incluida la
propina. Llama en la portería, iré a abrirte la verja.

Espero que decidas venir, querido. Házmelo saber en cuanto sea posible, ¿no es
cierto? Espero que la mujer de Chejov esté aqui. Además he vuelto a mi gran
habitación tan bonita; tendremos espacio suficiente. Podremos también instalarnos
en el establo y tomar kiftir.

No puedo hablar de nada más en esta carta. Espero tener tus noticias, sin
tardanza.

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