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                            Portada
ESTUDIO INTRODUCTORIO
	G. W. F. Hegel, la transformación de la metafísica
	Cronología
	Glosario
	Bibliografía selecta
DIFERENCIA ENTRE LOS SISTEMAS DE FILOSOFÍA DE FICHTE Y SCHELLING
	Proemio
	Diversas formas que aparecen en el filosofar contemporáneo
	Exposición del sistema de Fichte
	Comparación del principio de la filosofía de Schelling y de Fichte
	[Reinhold]
FENOMENOLOGÍA DEL ESPÍRITU
	Prólogo
	I. Ciencia de la fenomenología del espíritu
	Introducción
	A. Conciencia
	B. Autoconciencia
	C. (AA.) Razón
	(BB.) El espíritu
	(CC.) La religión
	(DD.) El saber absoluto
	Apéndices
ÍNDICE
Página de derechos de autor
                        
Document Text Contents
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se comporta respecto a su objeto de manera pensante, sino que, en tanto que ella misma,
ciertamente, es en sí pura singularidad pensante, y en tanto que su objeto es
precisamente el puro pensar, sin que, sin embargo, la referencia recíproca misma sea
pensar puro, ahora, ella, por así decirlo, tan sólo se dirige hacia el pensar, y es
devoción.82 Su pensar como tal no deja de ser el zumbido informe del toque de
campanas, o una tibia neblina de incienso, un pensar musical que no llega al concepto, el
cual sería el único modo objetual inmanente. Sin duda, a este sentir infinito, puro e
interior, su objeto le adviene, pero entrando de tal manera que no entra como
comprendido conceptualmente, y por eso entra como un extraño. Con lo cual, lo que hay
aquí es el movimiento interior de un ánimo puro que se siente a sí mismo, pero
dolorosamente, como escisión en dos; el movimiento de una nostalgia infinita que tiene
la certeza de que su esencia como tal es ese ánimo puro, pensar puro que se piensa
como singularidad; la certeza de que precisamente por pensarse como singularidad es
conocida y reconocida por este objeto. Pero, al mismo tiempo, esta esencia es el más
allá inalcanzable que al atraparlo huye, o mejor dicho, ya ha huido. Ya ha huido; pues,
por un lado, es lo inmutable que se piensa como singularidad, y por eso, la conciencia se
alcanza inmediatamente a sí misma en ello, a sí misma, pero como lo contrapuesto a lo
inmutable; en lugar de atrapar la esencia, sólo la siente, y ha vuelto a caer dentro de sí;
en tanto que, en el acto de alcanzar, no es capaz de retenerse como esto contrapuesto, en
lugar de atrapar la esencia, sólo ha atrapado la índole inesencial. Del mismo modo que,
por un lado, en su afán por alcanzarse en la esencia, sólo atrapa la propia realidad
efectiva separada, del otro lado no puede atrapar a lo otro como singular, o como
efectivamente real. Allí donde se lo busque, no se lo podrá encontrar, pues se supone
que es justamente un más allá, un ser tal que no puede ser encontrado. Buscado como
singular, no es una singularidad universal, pensada, no es concepto, sino algo singular
en cuanto objeto, o en cuanto algo efectivamente real; objeto de la certeza sensorial
inmediata; y precisamente por eso, sólo algo que ha desaparecido. Por eso, a esta
conciencia, lo único que puede hacérsele presente es el sepulcro de su vida. Pero como
éste mismo es una realidad efectiva y va contra la naturaleza de ésta el consentir una
posesión duradera, esta presencia del sepulcro no es más que la lucha de un esforzarse,
de la que se ha de salir perdiendo. Sólo que, al haber hecho esta experiencia de que el
sepulcro de su esencia efectiva e inmutable no tiene ninguna realidad efectiva, de que la
singularidad desaparecida, en cuanto desaparecida, no es la verdadera singularidad,
dejará entonces de buscar la singularidad inmutable como efectivamente real, o de
retenerla como desaparecida, y sólo así se hace capaz de encontrar la singularidad como
singularidad de veras, o como universal.

Al principio, sin embargo, el retorno del ánimo hacia dentro de sí mismo ha de
tomarse de tal manera que éste se tenga a sí como única realidad efectiva. Es el ánimo
puro el que, para nosotros o en sí, se ha encontrado a sí y está saciado dentro de sí,
pues, aunque para él, en su sentimiento, no hay duda de que la esencia se separa de él,
este sentimiento es, en sí, sentimiento de sí, el ánimo ha sentido el objeto de su puro
sentir, y este objeto es él mismo; de ahí, entonces, que salga a escena como sentimiento

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de sí o como algo efectivamente real que es para sí. En este retorno hacia dentro de sí,
ha devenido para nosotros su segunda relación, la del deseo y el trabajo, los cuales le
verifican a la conciencia la certeza interior de sí misma, que ella había alcanzado para
nosotros suprimendo la esencia extraña y disfrutándola, es decir, esa esencia en la forma
de cosas autónomas. La conciencia desdichada, empero, sólo se encuentra como
deseante y como trabajando; lo que no hay para ella es que el encontrarse así, la certeza
interna de sí misma, esté subyaciente en el fondo, y que su sentimiento de la esencia sea
este sentimiento de sí. Al no tener esa certeza para sí misma, su interior sigue siendo,
más bien, la certeza rota de sí misma; la verificación que ha obtenido por medio del
trabajo y del deseo está, por ende, igualmente rota; o bien, esta verificación tiene que
aniquilarse ella misma para que la conciencia, sin duda, encuentre dentro de ella la
verificación, pero sólo la verificación de aquello que ella es para sí, a saber, de su
escisión en dos.

La realidad efectiva hacia la que se vuelven el deseo y el trabajo no le es ya a esta
conciencia algo en sí nulo que ella haya de suprimir y consumir, sino algo tal como la
conciencia misma es, una realidad efectiva rota y escindida en dos, que sólo por un lado
es nula en sí, por el otro, sin embargo, es también un mundo sacralizado; es una figura
de lo inmutable, ya que este último ha obtenido en sí la singularidad, y como, en tanto
que lo inmutable, es universal, su singularidad tiene, en general, el significado de toda
realidad efectiva.

Si la conciencia fuera para sí conciencia autónoma y la realidad efectiva le fuera a
ella nula en y para sí, llegaría en el trabajo y en el disfrute al sentimiento de su autonomía
por ser ella misma la que cancela la realidad efectiva. Sin embargo, al ser ésta, a sus ojos,
figura de lo inmutable, no tiene capacidad de cancelarla y asumirla por sí misma. Sino
que, al llegar, como llega, a la aniquilación de la realidad efectiva y al disfrute, esto ocurre
para la conciencia esencialmente por el hecho de que lo inmutable mismo abandona su
figura, y se la cede a la conciencia para que la disfrute.—Por su parte, la conciencia entra
aquí en escena, igualmente, como algo efectivamente real, pero, en la misma medida,
como algo interiormente fracturado, y esta escisión se presenta en su trabajar y en su
disfrutar, rompiéndose en una relación hacia la realidad efectiva o el ser-para-sí, y en
un ser-en-sí. Esa relación hacia la realidad efectiva es el alterar o la actividad, el ser-
para-sí que pertenece a la conciencia singular como tal. Pero, dentro de eso, ella es
también en sí; este lado pertenece a lo inmutable más allá; son las capacidades y las
fuerzas,83 un don ajeno que, en la misma medida, cede lo inmutable a la conciencia, para
que ella lo use.

En su actividad, por consiguiente, la conciencia está, al principio, en la relación de
dos extremos; por un lado, está como el más acá activo, y frente a ella está la realidad
efectiva pasiva, ambos referidos uno a otra pero, también, ambos de regreso a lo
inmutable, y amarrándose firmemente a sí. Por eso, de ambos lados se desprende
mutuamente sólo una superficie, que entra en el juego del movimiento frente a otra.—El
extremo de la realidad efectiva es cancelado por el extremo activo; pero ella, por su
parte, sólo puede ser cancelada porque su esencia inmutable la cancela a ella misma, se

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© De la traducción y las notas de : María del
Carmen Paredes.

© De la traducción y las notas de : Antonio Gómez Ramos. Cedida por Abada
Editores, S.L.

© Del estudio introductorio: Volker Rühle, 2010.
© De la traducción del estudio introductorio: Joaquín Chamorro Mielke, 2010.

Procedencia de las ilustraciones: Album, Archiv für Kunst und Geschichte (Berlín), Bildarchiv Preussischer
Kulturbesitz (Berlín), , Historia-Photo (Hamburgo), Schiller-Nationalmuseum (Marbach am

Neckar), Städtisches Kulturamt (Tubinga), Ullstern Bilderdienst (Berlín).

© De esta edición: EDITORIAL GREDOS, S.A., 2010.
López de Hoyos, 141 - 28002 Madrid.

www.editorialgredos.com

Depósito legal: M-30632-2010
ISBN: 978-84-249-1528-5

Reservados todos los derechos.
Prohibido cualquier tipo de copia.

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