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ESTELA

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LUIS FRAILE DELGADO

CRISTO Y
LATINOAMÉRICA 1966

EDICIONES SÍGUEME
Apartado 332
S A L A M A N C A

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EL DOLOR DE LA NIÑA MADRE

"Señor, mi hija acaba de morir; pero
pon tu mano sobre ella y vivirá" (Mt 9,
18).

T
X ENGO delante una de esas noticias. En pri-

mera página: "Una niña, la madre más joven de
Brasil. Una niña campesina de diez años. . ."

Diabólicamente crueles, sentimos cierto gozo
inconfesable en esas noticias de escándalo. Por
eso nos las sirven profusamente los diarios. Para
regodeo del paladar voluptuoso del público.

Pero no es sólo en el Brasil. Tenemos mu-
chas niñas madres en Latinoamérica.

Cuántas niñas que no son sicológica y espi-
ri tualmente más que un embrión de mujer,
a quienes la sociedad corrompida ha hecho creer
que son ya "toda una mujer". Se transformaron
en un solo día, en la "fiesta de quince". Dejaron
su muñequita tirada en el jardín y ellas "fueron
llevadas" a la fiesta. Porque aquel día sus papas
querían "presentarlas" o "presentarse" en socie-
dad. Y de ahí a una niña madre, casada o soltera,
a veces hay pocos pasos.

Defiendo a las niñas-madres. Acuso a los cul-
pables.

Las mamas de las niñas, que no abordan el
problema de la adolescencia de sus hijas.

Las mamas de las niñas, que permiten el
"noviazgo" a sus hijas a los trece o a los die-

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ciséis años, cuando todavía no tienen idea de
lo que es la vida y el amor.

Las mamas de las niñas, que les meten por
los ojos a sus hijas de quince años aquel mu-
chacho, un buen partido, porque sienten horror
a que sus hijas puedan quedarse "solteronas".

Las mamas de las niñas, que permiten que
sus hijas vayan a ver "el amor" de las películas.

Las mamas de las niñas, que se llevan a sus
hijas al cine, donde sus hijas tienen que estar
la mayor parte del tiempo con los ojos cerrados,
si todavía aprecian su inocencia.

Las mamas de las niñas, que llevan a sus
hijas al cine donde ven películas de todas clases
con los ojos demasiado abiertos.

Las mamas de las niñas, que son indiferentes
a que haya enseñanza religiosa y moral en las
escuelas.

Las mamas de las niñas, que se van todos
los sábados a una fiesta, mientras sus hijas se
van a otra fiesta.

Las mamas de las niñas que leyeron litera-
tura pornográfica porque la encontraron en la
habitación de mamá.

Las mamas de las niñas, que están divorcia-
das del papá de la niña o de otro que no es el
papá de la niña, naturalmente "por incompa-
tibilidad de caracteres".

Las mamas de las niñas, que permiten a sus
hijas que vayan a tal club nada más que porque
tal club es de la alta sociedad.

Las mamas de las niñas. . . Las mamas. . .
Cuánto mejor sería que las mamas hicieran

alguna vez una súplica por sus hijas.

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ESTA IGLESIA QUE NO TRIUNFA

"Hasta el punto de verse la lancha cu-
bierta por las olas" (Bflt 8, 2).

I ,A Iglesia es peregrina y tiene que ir rotu-
rando los caminos. Cubierta por las olas de la
borrasca. Como Cristo hasta el día de la resu-
rrección.

Cuando apareció la Iglesia en grandes titu-
lares en la primera página de los periódicos,
algunos creyeron que triunfaría, que sería co-
locada sobre un pedestal, que sería la fuerza más
poderosa del siglo xx .

Mas los que ahora triunfan no son de Cristo.
Son los que tienen simpatía, valores humanos,
habilidad política, vinculaciones sociales, poder,
dinero.

Pero el reino de Cristo es la Iglesia.
La Iglesia de los pobres, de los que no valen

nada en el mundo, de los explotados, de los des-
preciados en la sociedad. La que existe a pesar
de las riquezas artísticas y de las posesiones de
la Iglesia.

La Iglesia de los que no tienen rencores, ni
se irri tan con sus subordinados. La de los que
no son soberbios en su corazón, la de los sen-
cillos.

La Iglesia de los que sufren, de los que no

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triunfan nunca, de los fracasados, de los que
tienen que beber sus propias lágrimas.

La Iglesia de los que tienen hambre y sed
de justicia y la anhelan desde el fondo de su
corazón, para todos los oprimidos por los in-
justos.

La Iglesia de los que tienen el corazón lim-
pio, aunque lleven el sucio traje del trabajador.
De todos los que han guardado su corazón de
la corirupción, de la podredumbre del pecado.

La Iglesia de los que anhelan ardientemente
la paz y la promueven. Porque no tienen odio,
ni avaricia, ni soberbia. La de los hombres de
buena voluntad.

La Iglesia de los perseguidos por la justicia
que son relegados de sus puestos, maltratados,
ultrajados, porque su actitud es un grito de con-
dena para la injusticia y la maldad de los hom-
bres.

Esa es la Iglesia, el reino de Cristo que vive
no por sus triunfos, sino a pesar de ellos. No
por sus magníficas catedrales, ni por el pabellón
del Vaticano en las grandes ferias mundiales
sino por la crucifixión de Cristo que se prolonga
en sus miembros, los hombres que sufren a tra-
vés de los tiempos para poder resucitar.

Es la Iglesia que sólo triunfará al final, con
Cristo, que es el rey de vivos y muertos.

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general a la redención por el reino del Espíritu,
por el reino de Dios.

Pero, a veces, las tinieblas se hacen intensas,
y el hombre, buscando la luz en el horizonte,
pierde sus estribos y se hunde en el lodo de
todos los caminos, los más inverosímiles.

Todo "espiritismo" no es más que una bús-
queda de la solución al misterio humano por los
caminos del absurdo o una mentira consciente.
Someter el espíritu a la materia, a los instintos,
a las pasiones, prostituirlo, materializarlo. Bus-
car vorazmente una salida al peso de la mate-
ria, de la existencia humana.

Ver tantos hombres, tantas mujeres de ojos
desencajados y espíritu desesperado que se aga-
rran con uñas y dientes a los muros del misterio
humano; se hunden en la superstición, en la
pregunta desesperada y no miran por el venta-
nal de su existencia hacia la luz verdadera.

El reino de Cristo es un espiritualismo que
transforma y transfigura a toda la creación, has-
ta que todo quede sometido a Dios que es Es-
píritu. Y Cristo, en el centro, que nos habla con
palabras que abren el camino de la fe.

Si los hombres de hoy tuvieran fe, no vaga-
rían por los caminos perdidos del absurdo. Su
espíritu azotado por los vientos de la existencia
humana en una época del mundo en crisis, en-
contraría la paz.

Cristo, hoy, a estos países latinoamericanos,
agitados por los vaivenes de la historia, por la
predicación de los falsos profetas, les advierte
antes de que terminen los tiempos: la desorien-
tación del hombre por los caminos del absurdo.

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"Guardaos de los falsos profetas". Todos esos
que prometen la solución del misterio humano
en medio de contorsiones y nubes de humo, pa-
labras mágicas e idolátricos ritos al dios del
absurdo.

Para que estos pueblos no se hundan en el
abismo de una histeria colectiva.

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P U N T O F I N A L

He aquí un panorama de la problemática
religiosa de Latinoamérica. Situación difícil. Y
una labor ingente para la Iglesia en estos mo-
mentos de posconcilio.

Pero abramos el corazón a la esperanza. Hay
renovación. El Instituto Pastoral Latinoamerica-
no, dependiente del Consejo Episcopal Latino-
americano promueve esta renovación a escala
continental por medio de cursos y jornadas de
estudio dirigidos a obispos, sacerdotes y laicos,
para el conocimiento, difusión y aplicación de
la doctrina del concilio. Y en los distintos países
surgen las organizaciones y los grupos de sacer-
dotes y laicos empeñados en un cristianismo
vivo, profundo y dinámico.

Todo ello hace vislumbrar horizontes más
claros, por un cristianismo evangelizador y de
testimonio que transforme Latinoamérica.

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