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Page 1

SPIRITUALlA
Número 6

Director: Jaume González-Agapito

Antonio Orbe

El NIÑO DIOS
Meditaciones sobre la infancia de Jesús

BARCELONA 1993

ANTONIO ORBE S. J.

EL NIÑO DIOS

Meditaciones sobre la infancia de Jesús

SANTANDREU EDITOR
BARCELONA

1993

Page 2

SPIRITUALlA
Número 6

Director: Jaume González-Agapito

Antonio Orbe

El NIÑO DIOS
Meditaciones sobre la infancia de Jesús

BARCELONA 1993

ANTONIO ORBE S. J.

EL NIÑO DIOS

Meditaciones sobre la infancia de Jesús

SANTANDREU EDITOR
BARCELONA

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delante de él, como raíz de tierra seca. No tiene apariencia ni belleza,
para que nos fijemos en él, ni aspecto para que en él nos deleitemos.
Fué despreciado y abandonado de los hombres, varón de dolores y
familiarizado con el sufrimiento, y como uno ante el cual se oculta el
rostro, le despreciamos y no le estimamos" (Is 53. 2-3).

¿Cuál de las dos señas merece fe? La Jerusalén de los Magos ig-
nora unas y otras. Irán a las Escrituras, y, en frío, darán su respuesta.
Ocurre con frecuencia. Uno busca una respuesta personal, cálida, de
alma herida derechamente por El; y las más veces no la encuentra. Le
remiten a las Escrituras, a lo que de El se dice o escribe. No le dan
señas directas de El. Esto en sí podrá bastar. Dios no desampara a los
que Le buscan con pureza de intención. Pero, como tampoco hace
milagros, con la respuesta vulgar -aprendida de memoria y por oficio-
satisface lo más elemental, lo ya sabido; no colma a los enfermos de
Dios, que buscan para remedio de su mal a otros más enfermos. Los
heridos solo se consuelan con otros más heridos.

El levita y el sacerdote que, de camino de Jerusalén a Jericó, no se
detuvieron a atender al malherido, hicieron bien en pasar de largo. No
le hubiesen sabido atender. No sentían su herida, porque ellos mismos
no tenían llaga, como la tenía el buen Samaritano, y no hubiesen re-
mediado su mal. El buen Samaritano traía llaga, desde que había salido
del Padre al seno de la Virgen, y recibido de ella naturaleza enferma.
Naturaleza a la vez sana y enferma; purísima, pero herida.

Los Magos se presentaron heridos de Dios. Su misma pregunta, en
Jerusalén, no disimula la fuerza de su herida. "Pues vimos su estrella en
el Oriente y venimos a adorarle". "Venimos a adorarle", como a Rey de
los Judíos y nuestro; Dios de los Judíos y nuestro. Después, volveremos
al Oriente. Basta que reciba nuestro homenaje de adoración. No
queremos más. Somos sus vasallos. Tornaremos con su Bendición, y
ella presidirá nuestra ciencia.

No se advierte en la pregunta de los Magos la más leve sombra de
temor. Ni se les ocurre temer. Sanos de cuerpo y de espíritu, preguntan
a los sabios del Occidente, convencidos de que también ellos buscan la
Verdad. Persuadidos quizá de que ya ellos habrán adorado al nacido
Rey, y les darán señas.

Turbación

31

El Nifio Dios 113

Oído esto, el rey Herodes se turbó y toda Jerusalén con
él. y convocados todos los jefes de los sacerdotes y los
escribas del pueblo, se infonnó de ellos sobre dónde
había de nacer el Mesías (Mt 2,3-4).

La pregunta de los Magos llegó a oídos de Herodes. ¿Se la diri-
gieron los Magos directamente a él, como a Rey y parte interesada, sin
recelar envidia de rey a rey? Tal vez. Gente sabia,y por eso mismo
sencilla,preguntaba como era. Interrogante
que tanto honraba al rey de los Judíos habría sido bien acogida en J e-
rusalén. Todo el mundo se la habría respondido. El rey de los Judíos
moraría entre los Judíos, en algún palacio. Todos le conocerían, y le
habrían honrado entre los suyos. Ignoraban los Magos aquello de San
Juan (1,11): "Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron".

Preguntaron pues. La reacción fué desconcertante. El rey Herodes
se turbó, y toda Jerusalén con él. Interrogaba a su vez el salmista: "¿Por
qué se alborotan las gentes, y los pueblos maquinan vaciedades?
Conciértanse los reyes de la tierra y los príncipes conspiran a una
contra Yahveh y contra su Ungido (diciendo): ¡Rompamos sus lazos y
arrojemos de nosotros sus coyundas!" (Sal 2,2-3).

El salmista se adelanta a lo ocurrido en Jerusalén. ¿Por qué se
conturba el rey Herodes, y la ciudad con él, a la noticia del nacido Rey
de los Judíos? Le imaginan intruso. Anunciado por la estrella del cielo,
proclamado Rey de los Judíos, del propio Yahveh; el cielo se suma a
los conspiradores del Rey Herodes, y sienta los principios de una
rebelión ratificada por los ángeles y moradores del cielo.

La sencillez misma de los Magos,en su pregunta,lo confirma.
¿Podían ellos conspirar tan abiertamente en Jerusalén contra el rey ya
constituído? A fuer de sabios, habrían debido enterarse de la situación.

La cuestión abiertamente dirigida a todos denunciaba la nobleza de
los Magos. No es modo de triunfar en el mundo. Pronto caerían en

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delante de él, como raíz de tierra seca. No tiene apariencia ni belleza,
para que nos fijemos en él, ni aspecto para que en él nos deleitemos.
Fué despreciado y abandonado de los hombres, varón de dolores y
familiarizado con el sufrimiento, y como uno ante el cual se oculta el
rostro, le despreciamos y no le estimamos" (Is 53. 2-3).

¿Cuál de las dos señas merece fe? La Jerusalén de los Magos ig-
nora unas y otras. Irán a las Escrituras, y, en frío, darán su respuesta.
Ocurre con frecuencia. Uno busca una respuesta personal, cálida, de
alma herida derechamente por El; y las más veces no la encuentra. Le
remiten a las Escrituras, a lo que de El se dice o escribe. No le dan
señas directas de El. Esto en sí podrá bastar. Dios no desampara a los
que Le buscan con pureza de intención. Pero, como tampoco hace
milagros, con la respuesta vulgar -aprendida de memoria y por oficio-
satisface lo más elemental, lo ya sabido; no colma a los enfermos de
Dios, que buscan para remedio de su mal a otros más enfermos. Los
heridos solo se consuelan con otros más heridos.

El levita y el sacerdote que, de camino de Jerusalén a Jericó, no se
detuvieron a atender al malherido, hicieron bien en pasar de largo. No
le hubiesen sabido atender. No sentían su herida, porque ellos mismos
no tenían llaga, como la tenía el buen Samaritano, y no hubiesen re-
mediado su mal. El buen Samaritano traía llaga, desde que había salido
del Padre al seno de la Virgen, y recibido de ella naturaleza enferma.
Naturaleza a la vez sana y enferma; purísima, pero herida.

Los Magos se presentaron heridos de Dios. Su misma pregunta, en
Jerusalén, no disimula la fuerza de su herida. "Pues vimos su estrella en
el Oriente y venimos a adorarle". "Venimos a adorarle", como a Rey de
los Judíos y nuestro; Dios de los Judíos y nuestro. Después, volveremos
al Oriente. Basta que reciba nuestro homenaje de adoración. No
queremos más. Somos sus vasallos. Tornaremos con su Bendición, y
ella presidirá nuestra ciencia.

No se advierte en la pregunta de los Magos la más leve sombra de
temor. Ni se les ocurre temer. Sanos de cuerpo y de espíritu, preguntan
a los sabios del Occidente, convencidos de que también ellos buscan la
Verdad. Persuadidos quizá de que ya ellos habrán adorado al nacido
Rey, y les darán señas.

Turbación

31

El Nifio Dios 113

Oído esto, el rey Herodes se turbó y toda Jerusalén con
él. y convocados todos los jefes de los sacerdotes y los
escribas del pueblo, se infonnó de ellos sobre dónde
había de nacer el Mesías (Mt 2,3-4).

La pregunta de los Magos llegó a oídos de Herodes. ¿Se la diri-
gieron los Magos directamente a él, como a Rey y parte interesada, sin
recelar envidia de rey a rey? Tal vez. Gente sabia,y por eso mismo
sencilla,preguntaba como era. Interrogante
que tanto honraba al rey de los Judíos habría sido bien acogida en J e-
rusalén. Todo el mundo se la habría respondido. El rey de los Judíos
moraría entre los Judíos, en algún palacio. Todos le conocerían, y le
habrían honrado entre los suyos. Ignoraban los Magos aquello de San
Juan (1,11): "Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron".

Preguntaron pues. La reacción fué desconcertante. El rey Herodes
se turbó, y toda Jerusalén con él. Interrogaba a su vez el salmista: "¿Por
qué se alborotan las gentes, y los pueblos maquinan vaciedades?
Conciértanse los reyes de la tierra y los príncipes conspiran a una
contra Yahveh y contra su Ungido (diciendo): ¡Rompamos sus lazos y
arrojemos de nosotros sus coyundas!" (Sal 2,2-3).

El salmista se adelanta a lo ocurrido en Jerusalén. ¿Por qué se
conturba el rey Herodes, y la ciudad con él, a la noticia del nacido Rey
de los Judíos? Le imaginan intruso. Anunciado por la estrella del cielo,
proclamado Rey de los Judíos, del propio Yahveh; el cielo se suma a
los conspiradores del Rey Herodes, y sienta los principios de una
rebelión ratificada por los ángeles y moradores del cielo.

La sencillez misma de los Magos,en su pregunta,lo confirma.
¿Podían ellos conspirar tan abiertamente en Jerusalén contra el rey ya
constituído? A fuer de sabios, habrían debido enterarse de la situación.

La cuestión abiertamente dirigida a todos denunciaba la nobleza de
los Magos. No es modo de triunfar en el mundo. Pronto caerían en

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entiende haber dicho lo que menos debía, haber omitido lo que más
cumplía.

Puesto nuevamente a escribir meditaciones, no suscribiría ninguna
de las aquí escritas. Es eso, pero no es eso. Quédate, lector, con el
Niño.

* * *

Por lo demás el Niño Dios habla a todas las edades. Sus enseñanzas
son más reales que orales. Más adoctrina su naturaleza humana que
sus palabras. Verbo de Dios, lo mismo cuando infante que cuando
mayor. Las meditaciones de la Infancia miran en particular a las ense-
ñanzas del silencio, a la doctrina de sus acciones. Podría no enseñar, si
hubiera asumido nuestra naturaleza sin entenderlo. Al humanarse hizo
el Verbo dos cosas contrarias: se anonadó, en cuanto Hijo de Dios,
ocultando la forma de Dios con la de siervo; y se llenó, en cuanto Hijo
del hombre, de nuestra forma. Al tomar la nuestra, tampoco se atuvo
al hecho. Buscó también el modo, e ideó las circunstancias más
indicadas para la salud del hombre. Todas ellas, bien pensadas de
antemano, se revelaron en enseñanzas reales. Toca a uno descubrirlas
en los actos de la Infancia de Jesús.

Las meditaciones sobre la vida pública y gloriosa de Jesús versan en
gran parte sobre Sus palabras. Acciones y palabras se complementan.
Las acciones exceden mucho, en Jesús, a las palabras. Pero se es-
clarecen también con ellas. No así en las meditaciones sobre la Infan-
cia. El Niño no habla. Deja a nuestra consideración el misterio de sus
actos. La infinitud del Verbo que los sustenta, autoriza multitud de
exegesis. Entre las muchas he sacrificado las consideraciones común-
mente repetidas: el recurso a solas virtudes. Bien está el arco del Niño
hacia nosotros. Mejor,los dos arcos: hacia el Padre, y hacia nosotros.
Aparece así la mediación que acompaña a Jesús, desde sus primeros
actos.

1. ANTONIO ORBE, Vísperas de Ascensión.
Meditaciones sobre la vida gloriosa de Je-
sús

2. Himne akiltiste al Dolcíssim Senyor Nostre
Jesucrist, Introducció, traducció i notes a
cura de J aume González-Agapito.
(Agotado)

3. J AUME GONZALEZ-AoAPITO, Introducción
a la plegaria del corazón.

4. JAUME GONZALEZ-AOAPlTO, El misteri de
la presencia eucarística.

5. J OSEP CAPMANY, Apóstol y testigo. Re-
flexiones sobre la espiritualidad y la mi-
sión sacerdotales.

6. ANTONIO ORBE, El Niño Dios. Meditacio-
nes sobre la infancia de Jesús.

De próxima aparición:

7. Himne akiltiste al Dolcíssim Senyor Nostre
Jesucrist. Himne akiltiste en honor de la
Mare de Déu, Introducció, traducció i
notes a cura de Jaume González-Agapito.

8. NICOLAS CABASILAS, La vida en Cristo,
Introducción, traducción y notas de Jaume
González-Agapito.

9. NICOLAU CABASILAS, La vida en Crist,
Introducció, traducció i notes a cura de
Jaume González-Agapito.

En preparación:

10. Relatos sinceros de un peregrino ruso a
su padre espiritual, Introducción de
Jaume González-Agapito; traducción de
Boris Pavlov; notas de Jaume González-
Agapito.

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entiende haber dicho lo que menos debía, haber omitido lo que más
cumplía.

Puesto nuevamente a escribir meditaciones, no suscribiría ninguna
de las aquí escritas. Es eso, pero no es eso. Quédate, lector, con el
Niño.

* * *

Por lo demás el Niño Dios habla a todas las edades. Sus enseñanzas
son más reales que orales. Más adoctrina su naturaleza humana que
sus palabras. Verbo de Dios, lo mismo cuando infante que cuando
mayor. Las meditaciones de la Infancia miran en particular a las ense-
ñanzas del silencio, a la doctrina de sus acciones. Podría no enseñar, si
hubiera asumido nuestra naturaleza sin entenderlo. Al humanarse hizo
el Verbo dos cosas contrarias: se anonadó, en cuanto Hijo de Dios,
ocultando la forma de Dios con la de siervo; y se llenó, en cuanto Hijo
del hombre, de nuestra forma. Al tomar la nuestra, tampoco se atuvo
al hecho. Buscó también el modo, e ideó las circunstancias más
indicadas para la salud del hombre. Todas ellas, bien pensadas de
antemano, se revelaron en enseñanzas reales. Toca a uno descubrirlas
en los actos de la Infancia de Jesús.

Las meditaciones sobre la vida pública y gloriosa de Jesús versan en
gran parte sobre Sus palabras. Acciones y palabras se complementan.
Las acciones exceden mucho, en Jesús, a las palabras. Pero se es-
clarecen también con ellas. No así en las meditaciones sobre la Infan-
cia. El Niño no habla. Deja a nuestra consideración el misterio de sus
actos. La infinitud del Verbo que los sustenta, autoriza multitud de
exegesis. Entre las muchas he sacrificado las consideraciones común-
mente repetidas: el recurso a solas virtudes. Bien está el arco del Niño
hacia nosotros. Mejor,los dos arcos: hacia el Padre, y hacia nosotros.
Aparece así la mediación que acompaña a Jesús, desde sus primeros
actos.

1. ANTONIO ORBE, Vísperas de Ascensión.
Meditaciones sobre la vida gloriosa de Je-
sús

2. Himne akiltiste al Dolcíssim Senyor Nostre
Jesucrist, Introducció, traducció i notes a
cura de J aume González-Agapito.
(Agotado)

3. J AUME GONZALEZ-AoAPITO, Introducción
a la plegaria del corazón.

4. JAUME GONZALEZ-AOAPlTO, El misteri de
la presencia eucarística.

5. J OSEP CAPMANY, Apóstol y testigo. Re-
flexiones sobre la espiritualidad y la mi-
sión sacerdotales.

6. ANTONIO ORBE, El Niño Dios. Meditacio-
nes sobre la infancia de Jesús.

De próxima aparición:

7. Himne akiltiste al Dolcíssim Senyor Nostre
Jesucrist. Himne akiltiste en honor de la
Mare de Déu, Introducció, traducció i
notes a cura de Jaume González-Agapito.

8. NICOLAS CABASILAS, La vida en Cristo,
Introducción, traducción y notas de Jaume
González-Agapito.

9. NICOLAU CABASILAS, La vida en Crist,
Introducció, traducció i notes a cura de
Jaume González-Agapito.

En preparación:

10. Relatos sinceros de un peregrino ruso a
su padre espiritual, Introducción de
Jaume González-Agapito; traducción de
Boris Pavlov; notas de Jaume González-
Agapito.

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