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TagsTsunami Nuclear Power Japan Nuclear Reactor Fukushima Daiichi Nuclear Power Plant
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48

LA AVENTURA DE LA

H I S TO RI A

UNA NIÑA DE CINCO
AÑOS pasa una

serie de pruebas
para detectar los

efectos de la
radiación nuclear,
en la prefectura de

Fukushima, el
pasado 29 de

marzo.

DESASTRE EN JAPÓN

LA HISTORIA DE LA ENERGÍA NUCLEAR CIVIL Y LA DEL MOVIMIENTO QUE LA HA

DE FUKUSHIMA DAIICHI NOS ANIMA A RECORRERLO PARA SABER CÓMO HEMOS LLEGADO

SEIS DÉCADAS DE

¿FIN DE LA PRIMA

LAS CLAVES

USO BÉLICO. En 1942, un

grupo de científicos logró la pri-

mera reacción nuclear en cade-

na. El Proyecto Manhattan llevó

a la destrucción de Hiroshima.

USO PACÍFICO. En 1959, el

sector privado construyó la pri-

mera central nuclear, en Illinois,

sin ayuda del gobierno.

LAS CATÁSTROFES. En Three

Mile Island (EE UU), Chernobyl

(URSS) y Fukushima (Japón) ha

habido escapes radiactivos.

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LA AVENTURA DE LA

H I S TO RI A

L PRIMER “REACTOR” SE

construyó sobre una

pista de squash, bajo

el estadio olímpico

de la Universidad de

Chicago. Allí, en el

año 1942, un grupo de científicos li-

derado porEnrico Fermi consiguió con-

trolar y mantener la primera reacción

nuclear en cadena. El Proyecto Manhat-
tan aceleró una investigación que cul-
minaría con la devastación de Hiroshi-

ma y Nagasaki.

Sólo un año después de que termina-

se la II Guerra Mundial, la energía nu-

clear civil dio su primer paso al frente.

El Congreso de los Es-

tados Unidos creó en

1946 la Comisión sobre

la Energía Atómica y

autorizó la construcción

en Idaho del primer

reactor capaz de produ-

cir más energía de la

que consumía. En di-

ciembre de 1950, esa

instalación consiguió

que elementos quími-

cos como el torio o el

uranio se transformasen

mágicamente en elec-

tricidad.

Sin embargo, una

cosaera lograresa trans-

formación y otra muy distinta producir

masivamenteenergíaeléctrica.Laplan-

ta que construyeron en Shippingport

(Pensilvania), en 1957, demostró que

era posible mantener la reacción en ca-

denaempleandoaguaparaenfriarel nú-

cleodel reactor.Proporcionaron luzyca-

lor a Pittsburg durante los siguientes

nueve años.

Aquélla no sólo se convirtió en la pri-

mera central nuclear de la Historia que

generaba electricidad para usos comer-

ciales, sino que despertó definitiva-

mente el hambre del sector privado. El

15 de diciembre de 1959, varias empre-

sas construyeron la primera instalación

de este tipo en Illinois sin recibir ayu-

da por parte del Gobierno.

Ni siquieradurante los años cincuen-

ta, cuando los movimientos antinuclea-

res eran sólo incipientes, perdió de vis-

ta la comunidad internacional que algu-

nos de sus miembros podían estar

abriendo la caja de Pandora de la proli-

feración atómica. Por eso, el presiden-

te Eisenhower pronun-

ció ante laONU,enuna

fecha tan temprana

como 1953, uno de los

primeros discursos so-

bre lanecesidad de coo-

perar en el ámbito de

este tipo de energía

para uso civil.

Existía una profunda

desconfianza. Antes in-

cluso de que la prime-

ra gran planta nuclear

para usos comerciales

abriera sus puertas en

Shippingport,Naciones

Unidas ya había creado

laAgencia Internacional

de laEnergíaAtómicaylosEstadosUni-

dos habíanpromulgado una leyquepre-

veía indemnizaciones para los intoxi-

cados por la radiación de las centrales.

Si la proliferación podía limitarse a

un club de países responsables, como

creían los líderes de las grandes poten-

cias, entonces sólo quedaba por dis-

cutir el coste de la energía y la seguri-

dad de las centrales. Los analistas pre-

veían que a largo plazo los me-

E

GONZALO TOCA. PERIODISTA.

DESAFIADO DURANTE AÑOS ES UN CAMINO FASCINANTE Y POCO CONOCIDO. EL DESASTRE

HASTA AQUÍ E IDENTIFICAR NUESTROS PRÓXIMOS PASOS, PLANTEA GONZALO TOCA



UNA ENERGÍA POLÉMICA

VERA NUCLEAR?

Una activista PROTESTA EN
TOKIO contra la energía
nuclear, tras el escape

radiactivo de Fukushima.

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LA AVENTURA DE LA

H I S TO RI A

gavatios de los

reactores competirían

cómodamente con los

de los combustibles fó-

siles en precio e impac-

to medioambiental.

CRECE LA OPOSICIÓN. A

mediados de los sesen-

ta, las afirmaciones de

los líderes políticos y

empresariales habían

perdido credibilidad

para lamayoríade los jó-

venes y especialmente

para los que militaban

en los movimientos an-

tinucleares. Esas orga-

nizaciones en Reino

Unido, Francia, Alema-

niaOccidental o los Es-

tados Unidos afirmaron

que los estudios pasa-

ban por alto el grave

daño del ecosistema, el

peligro que suponían

los residuos tóxicos y la

radiación que sufrirían

las poblaciones vecinas.

Entre sus miembros

destacaban colectivos

muy ideologizados –so-

cialistas, ecologistas,

sindicatos con afiliados

trabajando en las plan-

tas, obispos católicos

ypastores protestantes

que relacionaban las centrales con Hi-

roshima–, pero también expertos muy

notables, como los que fundaron

la Union of Concerned Scientists,

en 1969, en el Instituto Tecnológico de

Massachusetts.

Comodocumentóel sociólogo Jerome

Price, lamareaanti-

nuclearno adquirió

verdadera consis-

tencia en todo el

mundo hasta que

se produjo la crisis

del petróleo en

1973 y muchos Go-

biernos apostaron

con más decisión

por la creación de

decenas de plantas

para mitigar su de-

pendencia del oro
negro. Otro factor

importante es que ese mismo año se

consumó la retirada de Vietnam y que

buena parte de los colectivos pacifistas

reorientó suspreocupacioneshacia lapo-

sibilidad de un cataclismo atómico.

La primera demostración de fuerza

importante no tardó en llegar. El presi-

dente republicano, Ge-

raldFord, tuvoquedivi-

dir la Comisión sobre la

Energía Atómica en oc-

tubre de 1974, a sólo un

mes de las elecciones

legislativas que castiga-

rían brutalmente al Par-

tido Republicano por la

implicación de Nixon

en el Watergate. La Co-
misiónera la institución

pública más poderosa

del sector, pero sufría

ungraveconflictode in-

tereses, porque no sólo

regulabaa las empresas,

sino que tenía además

sus propios proyectos

industriales de investi-

gación y desarrollo.

El accidente de la

planta de Three Mile

Island en 1979, la más

grave catástrofe de una

central comercial de la

historia de los Estados

Unidos, parecía confir-

mar las ideas del movi-

miento, que agitó du-

rante años la bandera

del pánico exagerando

las previsiones sobre

el número de vícti-

mas. Aunque la empre-

sa tuvo que indemnizar

con millones de dóla-

res a los vecinos de Harrisburg por las

pérdidas asociadas a la evacuación, la ra-

diación no fue tan elevada como para

matar a nadie.

El colectivoantinuclearsiemprehaes-

tadodivididoentrequienes semanifies-

tan fundamentalmente porque se opo-

nen a las plantas por

su inseguridade im-

pacto medioam-

biental y aquellos

que lo hacen sobre

todo porque pien-

san que hayque im-

pedir laproliferación

de las bombas que

emplean esa tecno-

logía. Según un in-

forme de la Rand

Corporation, 1979

fue uno de los pocos

años en los que el

DESASTRE EN JAPÓN



HIROSHIMA, 1945. La explosión de la
bomba atómica Little boy en una
fotografía hecha a través de una

ventanilla, por uno de los
tripulantes del Enola Gay.

Japón fue uno de los pri-

meros países que redujo el

uso de su energía nuclear

a fines completamente pa-

cíficos. Si en 1954 em-

pezaba sus investigaciones

para producirla, sólo un

año después promulgó la

regulación que prohibía su

empleo bélico. En 2010,

habían conseguido produ-

cir casi el 30 por ciento de

su electricidad a través de

esa tecnología y tenían

previsto superar el 40 por

ciento en 2017.

El primer reactor comercial

(Tokai-1) se lo compraron

a los británicos en 1966,

pero desde entonces han

construido 54 más. Los

han distribuido en 21 cen-

trales por toda la costa del

país y especialmente en

prefecturas con menos de

201 habitantes por kiló-

metro cuadrado.

Las principales anfitrionas

son la de Fukui, en la cos-

ta este, con cuatro instala-

ciones de este tipo, y la

de Fukushima, al norte de

Tokio, con tres. ■

EL ASCENSO NUCLEAR NIPÓN

SHIPPINGPORT (PENSILVANIA), 1957.
Instalación del reactor nuclear de la
primera central que se utilizó para
proporcionar energía eléctrica a la

población de Pittsburg.

THREE MILE ISLAND, 1979. El entonces
presidente de los EE UU, Jimmy
Carter, abandona la zona tras la
mayor catástrofe de una central

comercial en la historia de ese país.

CHERNOBYL, 1986. El mayor desastre
nuclear de la desaparecida URSS se

cobró inmediatamente cuatro mil
vidas y deformaciones en muchos

recién nacidos después.

FECHAS DECISIVAS

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51

LA AVENTURA DE LA

H I S TO RI A

primer grupo superó al

segundo en influencia.

Probablemente1986, la

fecha de la tragedia de

Chernobyl, fue el si-

guiente. Los más de

4.000 fallecidos inme-

diatamente por el de-

sastre de la central nu-

clear ucraniana, las de-

formaciones de algunos recién nacidos y

las perspectivas de unos colectivos anti-

nuclearesqueesperabanmilesdemuer-

tos en los años siguientes por cáncer

de tiroides –que afectó a60 personas se-

gún el informe definitivo de Naciones

Unidas– destrozaron la credibilidad de

las empresas y líderes políticos que ha-

bían garantizado su seguridad.

MARCHAS Y OCUPACIONES. El contex-

to era idóneo, por tanto, para que los

años ochenta presenciaran enormes

manifestaciones en

Europa y la ocupación

pacífica de algunas

centrales o edificios

públicos relacionados

con ellas en los Esta-

dos Unidos. Desde

entonces hasta finales de los noven-

ta, los defensores de los peligros de

este tipo de energía transmitieron efi-

cazmente a la población la inseguridad

de los reactores encarnada por Three

Mile Island o Chernobyl y la sensación

de que los Estados Unidos y la Unión

Soviética caminaban a ciegas sobre el

trapecio de un holocausto nuclear.

Sin embargo, algo

empezó a cambiar

cuando los organis-

mos internaciona-

les aseguraron que

las cifras de vícti-

mas habían sido

enormemente exa-

geradas en las catás-

trofes de 1979 y

1986 ycuando el fi-

nal de laGuerraFría

alejó definitiva-

mente el fantasma

de un duelo atómi-

co. Además, en los veinticinco años si-

guientes al desastre de Chernobyl, no

se desató ninguna tragedia nuclear de-

bido al mal funcionamiento de las cen-

trales, sino que se produjeron única-

mente accidentes laborales parecidos

a los de otras industrias de riesgo. Las

empresas, fustigadas sobre todo en los

ochenta por los manifestantes y los ba-

jos precios del gas natural al mismo

tiempo, habían aprendido la lección.

Las nuevas circunstancias parecían

imponer el renacimiento de la cons-

trucción de reactores nucleares. Al fin

y al cabo, la combustión del carbón y

el petróleo agravaba el temido cambio

climático más que las nuevas centra-

les térmicas, los combustibles fósiles

estaban enterrados en suelos contro-

lados por dictaduras que patrocinaban

ocasionalmente el terrorismo contra

Occidente y, por si fuera poco, el ba-

rril de petróleo había

pasado de costar unos

20 dólares en los no-

venta al doble durante

la década siguiente. Por

todo ello, en 2001 co-

menzó una primavera

nuclear que se quebró

de repente el pasado

11 de marzo.

El impacto del tsu-

nami desatado por un

terremoto de 9 en la

escala de Richter, que

dañó especialmente la

central de Fukushima Daiichi, devol-

vió el pánico y la inseguridad a la comu-

nidad internacional. Hacían falta nue-

vas restricciones por parte del Estado

y quizás hasta una moratoria de varios

años. No sabemos si la primavera con-

tinuará o el invierno se llevará esos bro-

tes verdes. Lo que sí sabemos es que

los colectivos antinucleares han sido

capaces de lo peor cuando exageraron

el número de víctimas de las catástro-

fes para avanzar en su campaña y de

lo mejor cuando elevaron con sus pre-

siones la seguridad de

las plantas ydenuncia-

ron los conflictosde in-

tereses de las institu-

ciones reguladoras.

Hemos aprendido

igualmente que las

centrales entrañan importantes peli-

gros para las poblaciones vecinas y que

la industria tiende a minusvalorarlos,

pero también que las instalaciones no

han fallado gravemente en los últimos

veinticinco años gracias al esfuerzo

de las propias empresas y a la exitosa

supervisión de los gobiernos. El po-

pulismo de los políticos todavía puede

condenarnos a re-

petir los errores de

un pasado que des-

conocen, si olvida-

mos que las fugas

de Fukushima son

esencialmente la

consecuencia de

un tsunami y varios

terremotos conse-

cutivos y que las

huellas de la Histo-

ria invitan a reac-

cionar ante ellas

con moderación. ■

Los únicos países que po-

seen más de 54 reactores

son los EE UU (104), Fran-

cia (58) y Japón (55). Aun-

que Rusia queda desplaza-

da a una cuarta posición

porque sólo dispone de 32,

espera terminar de construir

pronto otros 10. China po-

dría registrar la cifra más

alta de crecimiento duran-

te los próximos años, hasta

un 68 por ciento, si pusie-

se en marcha los 27 que

está ultimando en la costa

y mantuviese los 13 que hoy

se encuentran activos. Los

Estados que más dependen

de sus centrales son Francia

y Lituania, porque el 70 por

ciento de la electricidad que

produjeron en 2009 prove-

nía de la energía nuclear.

Los siguen de lejos Eslova-

quia, Ucrania y Hungría, que

fueron capaces de superar el

40 por ciento en esas mis-

mas fechas. Hay seis centra-

les nucleares en España y

sólo dos de ellas disponen

de dos reactores (Almaraz

y Ascó), por lo suman ocho

reactores en total. ■

CENTRALES ATÓMICAS EN EL MUNDO

CUANDO EL FINAL DE LA GUERRA FRÍA

ALEJÓ EL FANTASMA DE UN DUELO ATÓMICO,

COMENZÓ UNA PRIMAVERA NUCLEAR QUE

EL DESASTRE DE FUKUSHIMA HA QUEBRADO

POLÉMICA GAROÑA.
Manifestación en el País
Vasco contra la central

nuclear situada en
Burgos, durante el

verano de 1999.



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LA AVENTURA DE LA

H I S TO RI A

A IMAGEN DEL VICEPRE-

SIDENTE DE TEPCO y

varios de sus ejecu-

tivos doblando el es-

pinazo ante los afec-

tados por la crisis nu-

clear de Fukushima resulta tan pe-

culiar –e irónica– como las escenas de

los supervivientes del terremoto que

la desencadenó, el pasado 11 de mar-

zo, alineándose obedientemente y sin

rechistar para recoger su ración de

agua. Japón es un país entrenado para

el desastre. Sus islas se sitúan en la

confluencia de tres placas tectónicas

–la del Pacífico, Eurasia y Filipinas–

y forma parte del Cinturón de fuego

del Pacífico, la zona con mayor acti-

vidad sísmica del planeta.

Es habitual que en cual-

quier parte del archipiéla-

go se produzcan pequeños

temblores semanalmente,

y los japoneses practican

desde niños para reaccionar

ante las sacudidas siguiendo instruc-

ciones precisas de desalojo. Incluso

a los extranjeros empadronados en

cualquier ciudad por motivos de tra-

bajo se les provee de abundante docu-

mentación de seguridad.

Pero el caos y la destrucción que ha

provocado el terremoto de magnitud 9

en la escala Richter (el más intenso en

el país desde que se empezaron a re-

gistrar datos sísmicos en el siglo XIX)

y el devastador tsunami subsiguiente

han resultado especialmente terrorífi-

cospara lanación, ymuyper-

turbadores para el resto del

mundo, que ha asistido a la

aniquilación en directo de

ciudades prósperas y desa-

rrolladas.

La historia de Japón está

plagada de catástrofes naturales que

han provocado la destrucción y pos-

terior reconstrucción de grandes asen-

tamientos de población. La idea de

lo efímero del ser humano ante el or-

den natural forma parte de su cultu-

ra, plagada de referencias a la flor del

cerezo, de belleza extraordinaria y

existencia breve, o el ave fénix, ca-

paz de renacer de sus cenizas. El ejér-

cito estadounidense comprobó las

aplicaciones prácticas de esta filoso-

fía durante la II Guerra Mundial en

L

RAFAEL DE LAS CUEVAS. PERIODISTA.

DESASTRE EN JAPÓN

LA GRAN OLA DE
KANAGAWA, una de

las estampas ukiyo-e
de las Treinta y seis

vistas del monte
Fuji, por Katsushika
Hokusai, entre 1830

y 1833.

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53

LA AVENTURA DE LA

H I S T O R I A

forma de bombas Oka (pequeños avio-
nes con carga explosiva que mane-

jaban los pilotos suicida), y frustran-

te resistencia de sus ciudades a los

bombardeos ordinarios.

DEJA VÛ. Uno de los primeros grandes

cataclismos documentados en las islas

tuvo lugar en el año 869, exactamente

en la zona castigada porel último: la pla-

nicie de lo que hoy son las prefecturas

de Miyagi y Fukushima, al noreste del

país. El Nihon Sandai Jitsuroku (La his-
toria verdadera de los tres reinos de

Japón), un texto oficial del siglo IX,

recoge una descripción que se ajusta

perfectamente a las imágenes retrans-

mitidas en televisión e internet: “El

mar entró con rapidez en aldeas y pue-

blos, inundando muchas tierras más allá

de la costa. No hubo tiempo para es-

capar”. La gigantesca lengua de agua

yescombros arremetió contra las aldeas

de pescadores a lo largo de 4 kilómetros,

segando alrededor de 1.000 almas. La

zona estaba menos po-

blada que hoy en día,

pero a diferencia de los

afectados por el último

maremoto –que tuvie-

ron unos minutos de

reacción gracias a las

boyas electrónicas de

alerta– entonces fue-

ron sorprendidos di-

rectamente por la mu-

ralla oceánica y arras-

trados como muñecos

de trapo entre la espu-

ma. Todo lo que quedó

fue una llanura de barro parduzco si-

milar a la que las fotos de satélite nos

muestran hoy.

Otro punto caliente de actividad sís-

mica se encuentra al suroeste, en la

región de Kansai, don-

de en 1707 tuvo lugar

el seísmo más fuerte

que se recuerda hasta

que el de 2011 le arre-

bató el récord. Con

una magnitud de 8,6

hizo caer unas 20.000

viviendas y se cobró

5.000 víctimas. La ola

asesina no tardó en

elevarse sobre la costa

de Honshu. Incluso se

baraja la posibilidad de

que los movi-

SITUADO EN EL CINTURÓN DE FUEGO DEL

PACÍFICO, EL ARCHIPIÉLAGO JAPONÉS HA

SUFRIDO TERREMOTOS Y MAREMOTOS DE

FORMA CONTINUADA A LO LARGO DE TODA SU

HISTORIA. RAFAEL DE LAS CUEVAS

REVIVE LOS CATACLISMOS MÁS LETALES Y

EXPLICA LA NOCIÓN DE TRANSITORIEDAD

QUE IMPREGNA LA CULTURA NIPONA,

FASCINADA POR LA FUERZA CREADORA

Y DESTRUCTORA DE LA NATURALEZA



VIVIENDO
ENTRE

TSUNAMIS

LAS CLAVES

EL MÁS MORTÍFERO. El gran

terremoto de Kanto en 1923

provocó incendios que arrasa-

ron Tokio y Yokohama.

ERRORES CORREGIDOS. La

estructura de los edificios en las

grandes ciudades niponas está

construida a prueba de terremo-

tos. Los rascacielos resistieron

el último temblor.

FOLKLORE. Las artes japone-

sas suelen representar la vida

transitoria y la renovación.

TIERRA DE

CATÁSTROFES

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