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Cuaderno de Futuro Nº 23
Antropología del Estado:
Dominación y prácticas contestatarias en América Latina
María L. Lagos y Pamela Calla (compiladoras).

Contribuciones de:
Adolfo Gilly, Charles R. Hale, David Nugent y Alcida Rita Ramos

Traducciones de:
Teresa Brisac, Hernando Calla y Rose Marie Vargas

Primera edici�n: agosto de 2007

ISBN: 978-99905-860-9-1
Dep�sito legal: 4-1-1680-07

Coordinador del INDH: George Gray Molina
Coordinadora del Cuaderno de Futuro: Fernanda Wanderley
Edici�n: Hernando Calla
Correcci�n: Rubén Vargas

Diagramaci�n: SALINASANCHEZ srl.
Ilustraci�n de tapa: Alejandro Salazar
Impresi�n: Manufacturas e Imprenta Weinberg S.R.L.
Impreso en Bolivia

INDH/PNUD
Calle 14 de Calacoto esq. Av. Sánchez Bustamante
La Paz, Bolivia
Casilla postal 9072
Tel. (591-2) 2624528
E-Mail: [email protected]
Página web: http://idh.pnud.bo

Las ideas expresadas en los Cuadernos de Futuro son de exclusiva responsabilidad de sus
autores y no responden necesariamente a la línea de pensamiento del Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Esta publicación es posible gracias al auspicio del Informe Nacional sobre
Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(INDH/PNUD), a la Universidad de la Cordillera y a la Wenner-Gren Foundation for
Anthropological Research por su apoyo para la realización del libro y la Conferencia
Internacional “Estado, clase, etnicidad y género en América Latina”.

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22 “La burguesía, dondequiera que haya prevalecido, puso fin a todas las relaciones feudales,
patriarcales, idílicas. Desgarró despiadadamente los abigarrados vínculos feudales que atan a
los hombres a sus ‘superiores naturales’ y no dejó subsistir ningún otro vínculo entre un
hombre y otro que el interés desnudo, el tosco ‘pago en efectivo’” (Marx y Engels, 1848:
486-7.) Este análisis, por penetrante que sea en cierto nivel, necesita una revisión crítica
severa, tomando en cuenta –como lo demostró toda nuestra discusión– hasta qué punto
estas relaciones de mercado dependen de otras que son ajenas al vínculo monetario, al cash
nexus. Particularmente, desde luego, de formas de relaciones familiares que siguen siendo,
precisamente, patriarcales.

23 Ver Durkheim 1902. Su 1904 (agotado en Inglaterra durante muchos años y universalmente
desatendido) ofrece un brillante desarrollo del argumento respecto tanto al “individualismo
moral” como a “el Estado”.

24 Existe una amplia literatura al respecto, especialmente en torno a E.P. Thompson 1978a; ver
en particular la discusión en el History Workshop Journal, de 1979 en adelante. Nuestra
propia interpretación del método de Marx como crítica está esbozado en Sayer 1979 y
1983a, y la relación entre crítica e historia se discute detalladamente en el Epílogo de este
último.

25 Si bien Friedrich Engels había pensado en 1844 que “la historia del desarrollo social de lo
inglés… me quedó completamente clara”, cerca de cincuenta años más tarde, algo de la
exasperación producida por la resistencia de lo inglés a los esquemas lógicos aflora en el
siguiente manuscrito de 1892, “Sobre algunas peculiaridades del desarrollo económico y
social de Inglaterra”, que a la letra dice: “Mediante sus eternos compromisos, un desarrollo
político gradual, pacífico, como el que existe en Inglaterra trae un Estado de cosas
contradictorio. Por las ventajas superiores que proporciona, puede ser tolerado en la práctica
dentro de ciertos límites, pero sus incoherencias lógicas son una amarga prueba para las
mentes racionales. De ahí que todos los partidos ‘sostenes del Estado’ perciban la necesidad
de un camuflaje, una justificación incluso teórica, que naturalmente sólo se puede concretar
mediante sofismas, distorsiones y, finalmente, trampas y embustes. Así fue creciendo, en la
esfera de la política, una literatura que repite todas las lamentables hipocresías y mentiras de
la apologética teórica y transplanta en suelo secular los vicios intelectuales de la teología. Los
propios Conservadores abonan, siembran y cultivan, de esta manera, el terreno de la
hipocresía específicamente liberal. Así es cómo, en la mente de la gente común, surge, en
defensa de la apologética teórica, el siguiente argumento, que no encontraría en otro lado:
¿qué importa si los hechos relatados en los Evangelios y los dogmas predicados en el Nuevo
Testamento en general se contradicen unos a otros? ¿Quiere eso decir que no son verdad? La
Constitución Británica contiene muchas más afirmaciones encontradas, se contradice
constantemente y, sin embargo, existe, así que ¡tiene que ser verdad!” (Engels 1892).

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Corrigan 1977a: cap. 2 discute las posiciones de Marx y Engels sobre las “peculiaridades” de
la formación del Estado inglés. Ver Anderson 1963, Nairn 1963a, b, 1964 (y la réplica de E.P.
Thompson en 1965), Anderson 1968, Joseph 1976. Citamos el enfoque de Joseph sobre el
desarrollo social inglés en la siguiente nota 27.

26 Ver, sobre eso, la excelente historia oral Plain Tales from the Raj, Tales from the Dark Continent
y Tales from the South China Seas (Allen 1976, 1980, 1984), o leer a Kipling.

27 Tomamos prestado este concepto de Milan Kundera. Lo usa a propósito de la remoción de los
historiadores checos de sus puestos por Gustav Husak después de 1968. En Inglaterra, se
suele manejar la organización del olvido de una manera más sutil en la cual cumplen su parte
la fabricación de una “tradición” nacional (ver Hobsbawn y Ranger, 1983) y la enseñanza de
una historia nacional específica. El actual Secretario de Estado de Educación y Ciencia, Sir
Keith Joseph dejó en claro que para él los manuales escolares de historia deben promover el
“orgullo nacional”. Vale la pena citar la visión –curiosamente coherente con cierta perspectiva
marxista– que el propio Joseph tiene del desarrollo social de Inglaterra: “A diferencia de
algunos países de Europa y del Nuevo Mundo, v.g. Holanda y los Estados Unidos, Gran Bretaña
nunca tuvo una clase dirigente capitalista o una haute bourgeoisie estable. Por consiguiente, los
valores burgueses o capitalistas nunca moldearon el pensamiento y las instituciones, como
sucedió en algunos países… La verdad sea dicha, Gran Bretaña nunca hizo realmente suyos
los valores capitalistas. Durante cuatro siglos, desde que el sobreseimiento del feudalismo y la
liquidación de las propiedades de las iglesias empezaron a empujar para arriba a las clases de
ricos comerciantes con estatus político, todo hombre rico se empeñó en alejarse del contexto
comercial –y más tarde industrial– dentro del cual construyera su riqueza y su poder. La gente
rica y poderosa fundó familias de notables terratenientes; el hijo de los capitalistas se educó,
no en los valores del capitalismo sino en contra de ellos, privilegiando los antiguos valores del
ejército, de la Iglesia, del Servicio Civil, de las profesiones liberales y de la posesión de la
tierra. Eso evitó la lucha de clases entre las capas medias y superiores, que fue tan común en
la historia europea pero, ¿a qué precio?” (1976: 60-1).

28 En la época de la invasión argentina, los habitantes de las islas Malvinas, los Falklanders no
tenían por nacimiento el derecho de entrar o pertenecer al Reino Unido. Cuando sus hijos
estudiaban en universidades británicas, tenían que pagar matrícula como si fueran
estudiantes extranjeros. Es interesante ver cómo la retórica que sirvió para organizar la
campaña de las Malvinas (ver Broadbent 1984) contrasta con el “manejo” por los sucesivos
gobiernos británicos (tanto laboristas como conservadores), de la usurpación por Ian Smith
de la soberanía inglesa en lo que era entonces Rodesia, y con la facilidad con la cual pasaron
por alto el “derecho a la autodeterminación” del pueblo rodesiano, pueblo, por cierto,
mayoritariamente negro, y por lo tanto, ajeno a “los nuestros”. El contraste ofrece un
ejemplo excelente de cómo las clasificaciones que “nos” reúnen como (propiamente)
“ingleses”, partícipes de la civilidad inglesa y con derecho a la protección de “el Estado”, se

EL GRAN ARCO: LA FORMACIîN DEL ESTADO INGL�S COMO REVOLUCIîN CULTURAL 103

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